Un viaje hacia el pasado de un futuro.

De repente apareció el Poroto en la cocina detrás de una nube de cuerdas, mosquetones, arneses y lo dejó todo regado en el suelo. Quería enseñarme una técnica de escalada para fijarse a ramas cercanas y aproveché de enseñarle otra para fijarse a ramas altas y recuperar el equipo. La comida y la conversa se apropiaron del tiempo y terminaron por dejar todo el equipo botado.

Varias horas después, seguí un impulso bien determinado y me propuse a buscar la mejor forma para enrollar todos esos metros de cuerda. Mientras conversábamos cosas delicadas, iba sacándole el rollo al nudo y viendo como arreglárselas para dejar listo el cuento. Después de un rato cuando me quedó claro como hacerlo, terminé el ovillo y me lo colgué del cuello.

Fue algo increible…

Una sensación de comodidad llegó junto con todo su peso, y la experiencia, muy parecida a cuando vuelves a dormir en tu cama después de mucho tiempo. Al tener ese ovillo gigante afirmado tan adecuadamente en mi espalda, sabía que no me importaría absolutamente nada cargarlo a donde fuera que tenía que llevarlo.

Pero es mucho mas que eso.

Con la cuerda enrollada en mi espalda, llegó una indescifrable sensación de familiaridad. Como si fuera una experiencia muy común, cotidiana.

Me imaginé pensar que en mi vida pasada, había ya sido un escalador. Las emociones quedan, porque son parte del alma, pero las habilidades técnicas se conservan en el cuerpo y hay que volver a aprenderlas, si sigues interesado en algo. Se me ocurrió que esa madeja de cuerda gatilló esa potente sensación grabada con fuego en la vida de una persona, cuando está listo el equipo para salir a una aventura.

Recordé el miedo que me produce la altura, los riesgos que evalúo cuando inicio un ascenso y la necesidad limitante de no confiarse. Deduje que quizás fui en alguna vida pasada, un escalador medio impulsivo al que le falló la técnica y terminó con el cráneo partido en dos y mas encima muerto.

Inexplicables ganas de escalar árboles y buscar nuevas formas de hacerlo sustentable, me llenan de risa al comprobar que la muerte no me detuvo, aunque me dejara de recordatorio el miedo que me hace considerar 10 veces todos los riesgos, pero contra el que lucho para que no me quite algo que busco en todos lados y que busco mucho.

El miedo nunca me ha detenido.

El Poroto me dijo que había algo en mi que se veía la raja con esa cuerda enrollada en mi espalda.

Para mi estaba comenzando a quedar claro: por fin comenzaba a sentirme completo.

El tema de hoy viene de una película de montaña que adoro, grabada justamente en el lugar de Chile que hoy se decretó poder proteger.

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