Nadie es el único que cacha.

El Matías me dejó un Pisco Sour medio fondeado donde solo podía verlo y donde podía alcanzarlo sin levantar sospechas. El plan era bueno, pero el Pato lo vio igual, aunque no dijo nada.

Un rato después el Matías me vio con el copete escondido y me preguntó: ¿Por que sigues escondiendo el trago si ya lo vio?. Le contesté que todo esto es un juego. Es mucho mejor si tengo el copete escondido, a tenerlo encima de la mesa como un desafío. El puede hacer que no lo vio, como yo puedo hacer que no tengo nada. Si yo hago obvio que tengo algo, el tiene que ser obvio también en que lo vio, y armar un jaleo, aunque no tenga ganas.

Días después vine a la parcela de la Qucky, y dentro del reconocimiento del lugar que permite la primera impresión visual, algo me pareció raro. ¿Donde está?

No, en serio ¿Donde está?

Carajo, cresta: Mi vieja se acabronó con el tarro donde yo guardo mi yerbita. Por la chucha en la que me metí, ahora hay que negociar el rehén. Por imbécil voy a perder algo. Lo idiota está en que me aproveché de la infinita ignorancia de la Qucky acerca de todo lo canábico. Me di cuenta por una pelea que tuvimos el año pasado, cuando ella me dijo que me llevara la marihuana que tenía guardada en la bodega.

No puedo tener tanta suerte de que mi vieja haya encontrado marihuana en la bodega. Si no es mía ¿de quien es? Yo pregunté, mucho mas interesado que enojado por la acusación que me estaba haciendo, así que le pedí con mucho respeto que me mostrara por favor la marihuana que ella había encontrado.

– Ven, me dice.

Y yo, muy obediente, fui. Claro la marihuana que ella había encontrado, no era mas que el Picoyo que me traje de la montaña que era en esa época un regalo para la Coyi. Todavía envuelto en esas telas y cintas de colores, estaba este pedazo de madera de Araucaria del tamaño de un extintor.

Para la Qucky eso era un trozo de marihuana. Un trozo de cuatro kilos de weed. Ni siquiera en el mejor de todos los sueños mojados del peor traficante de yerba del mundo entero. Me dieron ganas de abrazarla, pero la desilusión de no tener la yerba prometida, determinó que mi reacción fuese nada mas que una explosiva carcajada, medianamente ofensiva, por lo demás. Hay un Bong incluso por ahí en alguna repisa, y ella toda linda debe jurar que es un souvenir traído de Indonesia.

Entonces confiado en la absurda ignorancia de la Qucky, me aproveché y cooperé. Ahora quedaba dar la cara y pagar el rescate. Ella lo tenía super claro cuando me vio, porque no se pudo aguantar la cara de héroe de guerra. Y yo humillado con la derrota, no estaba demasiado dispuesto a negociar. Carajo, me cagó. Dejó marcada su linea bien clara para que yo no tuviera dudas de donde se cruzaba, y me pareció razonable porque esta es su casa. Yo también he tenido mi casa, y ahora se como entenderla.

Fue a buscar el tarro y me lo devolvió después de hacer un compromiso. Todo bien, solo que me pasé por el pico a mi vieja. Ella no tiene por que saber que hay una copa de pisco sour donde ella no puede verla. Funciona en todos los niveles, el trabajo, la casa, la familia, el gobierno, tu consciencia. La única limitante de la libertad anónima es el respeto.

Aunque nadie tiene por que saber que tienes Pisco Sour escondido donde nadie puede verlo.

Nadie sabe.

¿Tienes algo para decirme?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s