Lute, el Peumo.

Eran como las 3 de la tarde del primer día de sol de mucho tiempo cuando caché que Gian y Pancho estaban sentados en la terraza de mi casa. Me venían a buscar para salir a jugar, así que agarré cuerdas, el tambor y salí para afuera. Tenían ganas de praderas y sol, y yo tenía ganas de árbol. Así que me ocurrió invitarlos a conocer la Pradera de Lute.

Viajamos los ocho minutos y medio que separan mi casa de ese lugar, dejamos el jeep abajo y cruzamos el portón. Ese lugar es medio especial, porque el sol solo ilumina muy temprano y en la tarde el se pasa para el otro lado del cerro, dejando toda esa sombra mutante un poco deprimente y bastante total. Ahí se junta un barrial medio brígido poco amigable y muy enemigo de las chiquillas y sus tacos, diseñado casi para cruzarlo con botas. En ese punto helado, húmedo y fangoso, es cuando piensas que la salida fue una mala idea y que todo va a ser un culo. Eso antes de que tengas que subir por un sendero arcilloso bien jodido y resbaloso, seguido justamente de un alambre de púas medio penca por lo poco amigable de su cruzada.

Yo se que Gian y Pancho son aventureros y maestros del juego, lo que los motiva al punto de que cuando las cosas salen mal, también lo disfrutan porque con esa onda rica y despreocupada, lo aceptan todo desde antes “por si llegara a pasar”. Ahí, uno no se da ni cuenta que después de todo ese culo helado y medio enfermo, aparecemos como por arte de magia en la misma “Punta del cerro”.

Y la Punta del Cerro en cuestión es por lo general siempre divertida, porque es a la que le llega el sol la mayor parte del día. Por eso igual es un poco maletera, porque produce esas sombras tan gigantes allá abajo, que curiosamente son las que te ayudan a valorar el privilegio de tener luz de sol por mas tiempo al estar mas cerca del cielo. Por algo el real significado del Yin y el Yang es el lado de la montaña con luz, y el el lado de la misma montaña con sombra. Al final la montaña es una sola… nada es bueno, nada es malo, las cosas solo son, como son la luz y la sombra.

Esa luz es la que te saca una sonrisa y te llena de energía cuando has cruzado el cerco y te encuentras allá arriba en la cima del mundo, donde la señal del teléfono es lo único que te puede avisar que empezó la tercera guerra mundial. Solo la luminosidad de la elevación, podría cambiar tu percepción del lugar, porque cualquier pradera elevada con una vista de lujo en un campo vale la pena. Es en aquel espacio abierto donde todo parece novedoso y muy  particular. Reconocer esa latitud y seguir elevándose es una experiencia de curiosidad muy infantil, que no es fácil dejar. Así las cabezas van girando mucho en todas las distintas combinaciones haciendo un mapa mental de todas las direcciones, y los ojos se entretienen jugando con esas variaciones, como debería ser dentro de un bosque si no estuvieras tan pendiente de seguir el sendero para no perderte como los weones.

Ahora toda esta maravilla es solo el viaje, porque Lute sigue allá arriba esperando. Seguimos caminando con esa curiosidad entretenida rumbo arriba, hasta que lo vemos de lejos y nos damos cuenta lo bacán que es ese árbol. Es una rareza de esas rarezas lindas, porque es uno de aquellos de los que eligieron no seguir al resto y les dio por insistir quedarse con todas sus hojas durante el invierno.

Y eso es solo una de sus infinitas bondades, porque además de frondoso y bello, el loco tiene feroz de cicatriz en el cuerpo: El año pasado alguien le prendió fuego y el incendio se lo comió por dentro… no dejó nada salvo la corteza en la que se afirman sus millones de ramas potentes y gruesas. Es como si te hubieran robado los huesos de las piernas y sigas de pie como si eso en realidad no importara nada.

Ese es Lute.

Lo saludas sin decir nada, porque la sonrisa que siente cuando te acercas vale tanto como el mejor abrazo. Dejas todo tirado que ya no importa nada, sentándote en su pradera a sus pies, mirando la ciudad que se ve allá tan lejana como si en realidad no estuviera ahí, como si fuera soñada. Pancho tomó asiento, sabiendo que ya estaba en su casa y Gian se perdió por ahí guardando como fotografías las imágenes que fue encontrando. Yo me dí el tiempo justo para mirar a la ciudad y decir GRACIAS justo antes de darme cuenta que ya me había sacado los zapatos.

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Y tate que pa arriba del árbol.

Lute tiene una cosa media charra que al final igual es a toda raja: Mientras crecía en su espectacular ramaje, se las arregló para que no pudiera subirlo cualquiera. No en serio, este loco es medio rayado. Si no mides mas de dos metros no le agarras ninguna rama, y si tienes la altura promedio de los seres que no viven en la Isla Friendship, vas a tener que escalar como en la roca, pero peor, porque no tiene de donde cresta agarrarse. En serio, Lute es un culo, porque el que se pudo subir, fue porque se la jugó. Cero amabilidad de entrada, es brígido. No te da la pasada: Es como uno de esos musculosos guerreros que no están ni ahí contigo, pero en el fondo son unos locos lindos llenos de amor y brillo.

Era en realidad la primera sesión formal de TREPA, que aunque todavía no está bien definido el nombre, mas o menos va para allá. Nos dedicamos a deshacernos de los preconceptos medios payasos, buscar un punto de equilibrio, controlar el riesgo y encontrar un lugar para descansar el agarrotamiento muscular.

Pasamos la tarde entera arriba del árbol buscando la forma de seguir avanzando, de poner a prueba los nudos, de enseñarnos técnicas de confianza, de autoestima y de seguridad.  Rompía yo un límite personal de un miedo muy bien justificado que no valía la pena tenerlo presente para que no diera un jugo extra que no era necesario recordar, cuando en forma de un grito libre y potente lo dejé volar, que se fuera a atormentar los sueños de otro fulano en otro lugar. Así es como yo quiero vivir mi vida, buscando limitaciones para quebrarlas, destruyéndome y volviéndome a encontrar. No tengo una mejor idea, me quedo con esta para desarrollar. Quien quiera acompañarme, bienvenido que aprenda. Para eso estamos formando esta escuela.

Se nos iba el sol, y comenzamos a descolgarnos. Pancho y Gian se desvanecieron en la pradera mientras yo seguía jugando con mis nudos y me di un jugo de lujo cuando creí hacer uno tan bueno, que podría desatarlo mientras estaba acostado en el pasto. Me falló por pollo, y disfrazado de tarado no me quedó otra mas que reírme y volver a subirme al árbol solo para desatarlo.

Caminamos de vuelta del sol hacia la sombra, cruzamos felices el cerco, bajamos la pendiente arcillosa y atravesamos el barro. No importaba nada, el día estaba mas que ganado. La super Luna tocaba ese día, y Lucy nos esperaba con todo ese brillo blanquecino allá muy lejos, en otro continente, jugando entre las calles perdiéndonos entre las sombras como los lobos cuando salen en grupo a cazar.

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Lute el Peumo, es un dueño de casa bacán, es amigable bajo su propio mundo. Tampoco deja que llegues sin pedir permiso, como si no importara quien es. No nos olvidemos que Lute ya viene de vuelta, que ya ha muerto y volviendo a vivir, nos enseña las cosas que necesitamos aprender para seguir creciendo.

Para vivir.

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