Dialogos con un árbol.

No me importó levantarme de un salto, ponerme la ropa que uso cuando la ropa no importa, y partir rajado al monte. Primera vez que salgo a buscar un árbol en bicicleta, porque los que tengo a mano ya están todos super recorridos y así que me tengo que ir alejando. Seguí un camino que sube un cerro y llega arriba cuático, muy alto, desde donde se puede ver toda la ciudad y los volcanes que decoran el horizonte cuando el aire está limpio.

Justo allá arriba, lejos del camino y en una pradera bien soleada, lo vi: Un tremendo árbol que coronaba una colina verde y elevada. Era un tipo grandote, se notaba bien mañoso por lo intrincado y poderoso de su ramaje como si fueran brazos de gigante viejo. Dejé la bicicleta tirada abajo y partí en ascenso a mirarlo de cerca. Me faltaba todavía un trecho para llegar a su lado cuando supe que era un tremendo descubrimiento.

Me presenté como un humano igual que todos, charcha, pero en el camino para dejar de serlo. La idea era pedirle permiso para escalarlo. Lo vengo así desde hace un tiempo, cuando aprendí.

Después de sentarme tranquilo en el pasto a conectarme con el, con su mundo, con su realidad, su futuro y su pasado, dediqué un rato en meditación para tratar de entenderlo.

Me saco los zapatos y me siento bajo el sol a un lado de su sombra. Cierro los ojos y pienso: Estoy en un lugar mágico, siento que el sol me da en la cara muy fuerte, pero sigue siendo un sol de agosto, un sol humilde que va agarrando fuerza de a poco. Muy cerca se escucha un río, baja desde mi lado izquierdo y siento como cae entre esas rocas entremedio del bosque, esquivando los troncos de los árboles. No lo veo pero lo escucho. Estoy alto, es un cerro muy alto, desde aquí se ven varios volcanes. A lo lejos se escucha la carretera también con sus camiones veloces como si no les importara nada mas que su destino. Es el perfecto escenario para vivir el fin del mundo.

Y el comienzo también.

Escucho ladrar un perro y al mismo tiempo el canto de un chucao. Como si estuvieran conversando. Así se va mezclando el mundo con su lado salvaje y su lado domado. Sigue cantando el chucao y me encanta porque me transporta lejos. Es un interprete de la distancia: Con el he estado tanto en el Queulat acercándome a el en sus senderos, como en los bosques de Palguin. Hoy vuelve con su canto a conectarme.

Frente a mi, tengo el árbol que me hizo venir.  Es super majestuoso. Es enteramente bello. Yo diría que es un Roble, pero todavía no cacho mucho de árboles. Este grandote es como un crucigrama de enredado: Es ancho en todas sus ramas y todas parten grandes en todas direcciones y da la impresión que hasta la mas delgada igual te aguanta. En este momento no tiene follaje, como que estuviera bien desnudo pero esta cubierto completo con una chaqueta de musgo que recorre todas sus ramas vistiéndolo entero de verde.

Es alto, debe tener unos 15 a 20 metros, quizá tres o cuatro pisos de un edificio. Por allá arriba hay un lugar que es como un nido de un águila, porque es alto, grande y plano.  Tiene toda la pinta de ser un árbol diseñado para el Peuco o para el Traro. Está bien ubicado, en la cima de un cerro, al lado de un río. Cerca de la ciudad, pero todavía en el campo. Este árbol es una percha y si tengo suerte, arriba está el nido de una lechuza.

Es importante presentarse con paciencia y calma: Muy patudo llegar, subirse y quebrarlo. Además, me juego la vida en esto. Le pedí permiso para conocerlo, porque aunque quiera o no, le va a tocar cuidarme. Solo para que yo pueda pararme en una de sus ramas, el tiene que hacer una fuerza notable que no estaba considerada en el diseño original. Seguro el tiene muy claro que en su rama está caminando un extraño, y la idea es que pueda ayudarme a que no se quiebre.

En su propia percepción, el cacha todo. En su propia dimensión de las cosas, no se le escapa nada de lo que para el es relevante. En sus muchos años ha estado super quieto analizándolo todo: Cuanto crece, para donde, donde hay mas luz, adonde se esconde. Si la fijación en el suelo es adecuada para su altura, si hay posibilidad de capturar mas agua, si hay algún pajarito que va o que vuelve, o si es buena época para pensar en flores.

Además, sus decisiones son todas eternas, a el no le conviene cambiar nada. Todas sus actividades son extremadamente meditadas. Es así de firme tu lo vez y te da confianza. Tiene una piel como de serpiente, escamosa y potente. A pesar de lo duro de su corteza, igual se las arregla para seguir creciendo sin ella. O sea, crece a medida que se quiebra, como todos. Pero por lo menos el  tiene el tiempo de dedicarse a pensar solamente en eso.

Quizá en la propia dimensión en la que habita, en su universo tan particular, también esté increíblemente ocupado y no le alcance el tiempo para todas sus cosas. Quizá esté enfrascado en un dilema tremendamente inquietante. Quizás se le esté acabando el agua y hay una roca en el camino para recuperarla. Hay que ver bien para que lado tirar las raíces, que en esta decisión se está jugando la vida, y las cosas para un árbol, también pasan demasiado de prisa.

No cachamos, pero para un árbol, las cosas pueden ser bien criticas. Lo que pasa es que nosotros tenemos todos los días problemas a nuestro entender, inmediatos en los que nos jugamos también la vida.

Quizá en la propia realidad de su conciencia tan particular, un árbol tenga que ir un equivalente de la universidad, plantearse un objetivo, enfrentar algún desafío. Probablemente tenga un ministerio del orden, como tenemos nosotros el deber moral de ser ordenados. Quizá un ministerio de justicia como nosotros, que nos ayuda a equilibrarnos. En todo el tiempo que lleva aquí, está claro que tiene que ocupar su tiempo en algo. No es solo absorber aire y luz: ese es el mecanismo para sobrevivir, igual que nosotros. Los seres vivos son criaturas complejas, que no se limitan solamente a sobrevivir, sino a evolucionar.

Me imagino que quizá su ministerio de defensa esté tramando algo para ahuyentar al intruso. Tengo plena fe que en todo lo que lleva aquí, probablemente seré el mas dañino de todos los intrusos que lo han molestado y con toda certeza, el mas desagradable. Acostumbrado a toda su paz,  este árbol seguramente estaría deseando que me fuera a jorobar a alguien a otra parte, pero estoy siendo tan respetuoso, que quiero que sienta que me lo gané.

Que los dos juguemos.

Ya no se si les siga poniendo nombres a los amigos árboles que voy conociendo, porque ahora como los veo tan individuos, siento que puede ser irrespetuoso bautizarlos con un nombre cualquiera. Claro que como deben tener todos sus personalidades distintas y choras, demás que habrán muchos a los que les guste que les pongan nombres.

Por eso he estado todo este rato aquí en una semi meditación consciente, analizando su ambiente en forma integral, para vivir la experiencia de sentir la vida fluir aquí, como la viviría este árbol.

Carreras escasas de nubes van pasando sobre la trayectoria que tiene el sol y me hace pensar en que este clima es perfecto.  Agosto es el mejor clima de todo el año. No hace frío ni hace calor, hay un viento helado que es la raja cuando estas haciendo ejercicio. El aire está humano, se siente ese olor del que “recién ha llovido” y está limpio. Está bien helado y bien respirable, se siente dentro de los pulmones. Tiene aroma, es como bien puro pero está cargado de cositas limpias. Quizá polen, semillas, cositas muy particulas No es esa densidad bruta que a veces trae, como tierra y mugre. Este viento es super local, super endémico, como de aquí.

Escucho el río. Te entrega otra cosa: Como un curso de movilidad, pero estática. Es como vivir a un lado de la linea del tren, aunque nunca hayas viajado. No sabes para donde va, ni de donde viene. Este río es sencillamente la vía de un tren que conecta dos cosas que están en constante movimiento, y este árbol solo pretende alcanzarlo con sus raíces a ver si alcanza a sentir algo. El río pasa constantemente fluyendo de aquí para allá, como lo hace el viento. Mostrándole al árbol la conciencia de que el universo es infinitamente amplio y aunque grande, estamos todos conectados.

¿Que estará aprendiendo en su inmovilidad tan declarada? ¿En que pasará su tiempo de anciano joven, todavía repleto de años?

Que gran experiencia es ser un árbol. Me imagino yo, y mis dedos enterrados, bien metidos en esta tierra helada y húmeda, derecho hacia todos los lados, agarrando con fuerza toda la tierra que puedo, para quedarme ahí anclado. Que no me mueve nadie, ni el viento, que hasta los derrumbes me los llevo conmigo, si se atreven a tratar de moverme.

Y para arriba… lo mismo… Expandirse hacia el infinito lo que mas se pueda. Proyectarse en todas las direcciones  posibles, con la longitud que permite el peso de las ramas. Hay que intentar agarrarlo todo. Agarrar aire… aire… aire y sol. Aire y sol y todo.  Y hay que hacerlo bien, que aquí también se le va la vida.

Abro bien los ojos y le digo claro:

– Eres entero un pulmón. Un pulmón vivo que tiene todas sus arterias y todos sus alvéolos especializados en atraparlo todo. En esa estructura perfecta eres hermoso, un árbol a toda raja. Espero que  me entiendas lo que te estoy diciendo… – y muy coqueto le digo – porque yo creo que nadie te lo había dicho antes.

Me mato de la risa con esta talla tan tonta, pensando a la vez, que hace tanto tiempo que no me comunicaba tan bien con alguien. Si esto fuera una enfermedad mental, el mundo sería un lugar hermoso si estuviera lleno de locos.

Me pregunto si éste árbol sabe lo hermoso que es. Me imagino que es obvio que sabe: Es demasiado orgulloso como para dudarlo. Solo hay que mirar la forma en la que creció. Da la impresión de que es como un caballo árabe, y no hay caballos árabes con complejos de autoestima. Ese es un caballo choro y la tiene super clara: Sabe que es super cuico y aunque lo llenen de barro, dice:

“No importa, luego me bañan”.

Ese es un caballo árabe y eso es este árbol. Es un árbol orgulloso y quizá arrogante que sabe exactamente quien es. Sabe que es un árbol bacán. Pero si tengo razón en lo que digo, no necesita que yo le diga que es un bacán. De hecho necesita quizá un poco de humildad, porque la idea de jugar con el es aprender del maestro.

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Humildemente es el maestro que yo andaba buscando. Que me enseñe a encontrar la confianza interior que me permita poder concretar las cosas que quiero. Para un árbol siempre hay tiempo, además tiene toda esa choreza brava que no le vengan con cuentos de nada. Este es un maestro.

De todas maneras voy a esperar que pueda enseñarme. Porque en esta búsqueda y aprendizaje, también me puedo equivocar. Estamos claros que el es un maestro, estamos claros que no nos conocemos. Yo no se si es humilde o arrogante, lo voy a averiguar. Por eso antes de descubrirlo tengo que estar bien seguro de lo que estoy haciendo. Tengo que ir sin arriesgarme. Para eso me estoy conectando con este lugar, con sus árboles, con su río. Para eso respiro. Para eso traje mis cuerdas, para eso pido permiso, para esto pido perdón, no quiero equivocarme.

Como con las personas, se pide siempre permiso, se pide siempre perdón.

Independiente de lo que pase, se que voy a aprender un montón.

… Creo que es primera vez  que dudo en publicar algo  por ser demasiado íntimo como para mostrarlo.

A la mierda y que.

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