Las Ruinas de San José.

– Ya, me dijo. Estamos aprobados, vamos.

Salió un trabajo para Salir a Jugar.

Llegué a la casa a las 2 de la mañana y me quedé hasta las 4 preparando todo. Cargué baterías, vacié tarjetas de memoria, y esparcí por el suelo una infinidad brutal de cosas que pensé que necesitaría: Dos parcas, una para el frío y otra para el calor. Polerones gruesos, un par. Calcetines varios pares, de zapatos dos, y unas crocs para jugar en el barro. Dos toallas, pantalones, un poncho y una manta. La lluvia estaba declarada para toda la semana y nosotros listos para viajar.

Ahora, había que meter todo eso en dos mochilas y luego todo en el auto. Mañana mas rato será otro día, me dije y me acosté.

Me quedé dormido, obvio. Había que estar allá a las nueve y llegué a las diez y media. Carajo, puta madre que mal, pero filo se entiende. Agarramos las cuatro mochilas de ellos dos, metimos todo al auto y nos largamos al sur.

– Este va a ser un viaje memorable, les dije. Y nos tiramos un piquero hacia la carretera.

Mientras viajábamos le íbamos poniendo semi atención al cielo, sin decir nada para no llamar a la lluvia, pero la lluvia no llegó. El viaje fue suave y tremendo de rico. La conversa fluyó alegre y re espontánea y llegamos a San José cerca de las doce.

San José es una de las primeras iniciativas de Salir a Jugar que son medianamente públicas, que reúne cierta cantidad de gente y que se puede contar en la historia de un blog sin tanta precaución ante las repercusiones morales/legales/sociales.

… Es que hemos andado metidos en tantos lados hijo.

Son las Ruinas de San José. Era algo así como un seminario, monasterio, algo relacionado con los curas. Pero sin saber realmente si los curas tuvieron algo que ver, el seminario entero, se quemó. Y se quemó completo, o sea quedaron los puros muros duros, pelados, oscuros. Después de no se cuantos años, se lo comió la tierra, y ahora uno cuando pasa por la calle casi ni lo ve, porque se lo tragaron los árboles que sintiéndose en su casa, nacen adentro y crecen para afuera o nacen afuera y por las ventanas se van metiendo para adentro.

Es un lujo.

Con el tiempo la gente se lo fue llevando y en una sucesión interminable de cervezas quebradas y colas vacías, se fue llenando de una asquerosa capa de infinitos años de basura. Después que se hubo terminado de limpiar, un flaquito de unos 16 años se acercó para decirme que no se había imaginado nunca que debajo toda esa mierda había un suelo. El mismo Pancho, convertido en un arqueólogo de basura, al desenterrar distintas capas de mierda, encontró seis ediciones diferentes de la botella de una misma marca de cerveza.

Es una construcción la raja, y puede ser un emblema cuático para el pueblo entero. Porque San José para muchas personas, es un pueblo super jodido: Muy ordenado por lo alemán como lo pude comprobar en el cementerio, pero cargado hasta las cachas por varias décadas de pelambres y prejuicios.

Al seminario se lo estaba comiendo la mala onda por dentro, como a este pueblo entero. Nuestra idea era ponerle energía para levantarlo, dejarlo utilizable y devolverlo al pueblo para que se pueda ver lo que se puede hacer en tu ciudad si quieres, porque la quieres.

Así que el Pancho coordinó la movilización de grupos locales de limpieza, trabajo y gestión en San José, como el equipo de pintores y la logística en Temuco. Antes de partir editamos una revista con el trabajo fotográfico que había hecho el Pancho durante el mes que estuvo allá, como una forma de documentar el proceso del cambio, la forma en que lo encontramos y la forma en la que quedó.

La revista se puede ver haciendo click aqui.

Serviría además para preparar a la gente que estuviera atenta de que un equipo de extranjeros vendría a meterle hacha, brocha, color y un montón de amor a su pueblo.

Llegamos bajo un cielo azul a toda raja y las ruinas eran ya mucho mas bacán de lo que yo me imaginaba. Catorce sacos de basura estaban apiñados en el lugar que alguna vez fue un baño. Entraba la luz del sol por todos lados, haciendo un paseo rico con todas las ramas de los árboles que crecían desde adentro.

Apareció gente del pueblo con comida y con cerveza para entretenernos mientras los artistas iban limpiando los muros para luego llenarlos de pintura. Niños de todas las edades agarraban herramientas y brochas para ponerle algo necesario o sacarle lo que le sobraba. Los pintores convertidos en unos locos se ponían a poner pintura por todos lados. Así que volví a mi época de fotógrafo hotelero y le hice un recorrido por todos lados, para mostrar bien lo que era antes de que lo cambiáramos…

… y me entregué.

Me entregué al juego rico, a la buena onda, a la conversación, a alegría, al cañito y a la cerveza. Había que escalar un árbol obvio, así que me saqué los zapatos y partí a buscar la cuerda al auto. Era un árbol joven medio rígido, pero amigable, de ramas cortas, pero bien confiable. Como todos aquí en este pueblo.

Ya todo se había roto, no había plan, no había estrategia. Solo había objetivo y juego. La ropa se fue llenando de pintura y las manos llenas de blanco se iban agrietando mientras se secaban.

Partí a dar una vuelta al pueblo a conocerlo y a ver con que me encontraba. Andaba tan cargado de vida que todo era importante y no importaba nada. Así que me metí en una propiedad y me encaramé en una torre de concreto que por sus escaleras, supe que no había tenido mucho uso en una montonera de años. Esta ciudad necesita mucho amor, y tiene toda la gente necesaria para lograrlo.

La tarde fue avanzando mientras convertíamos las ruinas en páginas en blanco. Tocábamos música convertidos en unos locos hasta aparecieron varias personas del pueblo que venían aquí a compartir una chela, un caño o un pucho. Nos agradecieron la movida… rica gente, nos ofrecieron de todo y nos abrieron todas las puertas.

 

Mal que mal les habíamos echo el aseo de la casa y se lo estábamos dejando filete para cuando volvieran. Lo único que les pedimos fue que lo cuidaran, que lo llenen de color con contenido y que le pongan ganas para seguir haciendo cosas como estas adonde fueran.

El sol empezó a partir en el horizonte cuando nuestro enlace local Cesar, nos invitó a despedirlo mirando el mar y partimos con toda su familia.

Fue un viaje hermoso avanzar por la carretera hacia el océano mientras nos matábamos de la risa y la alegría de un brillo super natural y bien merecido nos daban todas las pilas para tener en la piel la mejor vibra. Cesar compró unos choros grandotes que los comimos con limón y vino mientras estaban todavía vivos. Nos llevó a un restaurant frente al mar donde nos costó trabajo entrar porque teníamos la zorra en la ropa y hasta el pelo lleno de pintura. Pero entramos y las empanadas de camarón, loco y queso fueron apareciendo en la mesa en desfile una detrás de otra.

Corrimos al mar a bailar bajo la luna en la arena mientras tocábamos guitarras. Los zapatos volaban y las olas nos saludaban heladas entre los dedos de las patas. La vida daba y daba y no se de donde alguien enrolaba. Las nubes pasaban veloces allá arriba mezclándose con la luna y nosotros convertidos en lobos, bailábamos cantando con las patas en el agua.

Volvimos igual de felices al pueblo y no se como, terminamos todos en un pub, viendo como aparecía mas cervezas y mas comida. El Cesar ha sido en la vida, el mejor anfitrión. Tuvimos que negarle a la fuerza mas de sus regalos, porque la verdad es que mas, era mucho. Nos despedimos como amigos de toda la vida, coordinamos la siguiente venida y sabiendo que habíamos regado por todas partes un enjambre infinito de energía positiva, partimos de vuelta a Temuco.

Llegamos temprano y sin ni ver las fotos, nos dormimos al toque. Nos mandamos un desayuno la raja y partimos de nuevo, pero ahora al campo. Hicimos una parada breve para hacer negocios en la carcel, sea como sea que eso suene y después de viajar y viajar por campos verdes bañados de oro, llegamos a la casa del campo. La ausencia de electricidad, la lejanía, la simplicidad elemental de las cosas, la falta de señal de teléfono, el silencio y la tranquilidad, nos hicieron ver que todo lo vivido un par de horas atrás no había sido mas que un sueño extremadamente bizarro pero natural y suave. Bien definido. Delicadamente agresivo, romántico. Pero sobretodo hermoso y loco.

Porque en realidad fue un fin de semana extremadamente bizarro pero natural y suave. Bien definido. Delicadamente agresivo, romántico. Pero sobretodo hermoso y loco.

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