Deja volar lo que amas.

El niño lo veía venir en la mañana y corría a la ventana para escucharlo cantar. Lo miraba mientras saltaba de rama en rama cantando sus canciones de amor. Los dos se fueron sintiendo cada vez mas en confianza, hasta en el vuelo le piqueteaba la ventana para despertarlo y que lo escuche cantar: El ave ya tenía su público y el niño tenía su canción. Lo esperaba todas las mañanas sin impaciencia hasta que en el invierno no llegó. Apareció su canto otra vez como un regalo, una mañana de primavera. El niño asustado por la emoción de la alegría y la pena recién aprendida, eligió el canto y lo encerró en una jaula para tenerlo todo el año. El ave no volvió a cantar y el niño sintió la misma pena con el ave en su mano. Con los labios apretados se levantó una mañana y abrió la jaula.

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