Un café.

Y mientras le pongo el tic a la lista donde dice “Visitar el Ruibarbo”, me siento y pido un café

– Me traerías un café? – Le digo suavemente a la garzona, quien me sonríe y me recita una interminable charla con todos los distintos tipos de café. Yo solo quiero un café, pensé. La mesera era linda y era entretenido verla hablar. Pensé que quizá fuera un juego entretenido para aprender algo de café, pero la primera pregunta que le hice, no me la supo responder. Fui consenciente de su falta de tiempo, le abrí la jaula y pedí el primer café que recordé.

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