El quinto piso

Y ahora voy mandando todo al carajo para hacerme el tiempo de escribir todas estas infinitas emociones contenidas que guardaba para mi. Llegué a la conclusión de confirmar la irrelevancia de escribir mi experiencia por considerarla tan individual. Que poca validez tienen mis propias afirmaciones cuando en un momento de extrema abundancia, no puedo evitar desahogar este sentimiento en la publicación de esta serie de palabras inconexas con sentido solo para mi.

No hace frío ni calor, hay un silencio perpetuo quebrado solo por la emisión sonora de mi playlist “Pa dentro”. Estoy en la cocina de un departamento en el quinto piso de un edificio que está en un lugar donde es el único edificio: La vista, es infinita. Desde aquí se ven todos los volcanes de la cordillera y los bosques que bloquean el acceso al mar.

Miro por la ventana, y veo las luces de esta increíble ciudad. Me hago parte de su oscuridad y sumergido en ella, se que en realidad no hay nada que pueda contar.

¿Que podría escribir para expresar lo que nadie es capaz de decir?

Un género de personajes se diferenció del resto al tratar de expresar las emociones con palabras desde el corazón, y alguien decidió llamarlos poetas. Yo no los conozco, pero si pudiera hacer poesía, diría:

Ni la humillante frustración de resignar mi motivo de escribirte como si te dedicara una canción con palabras que todavía no se han inventado, podría impedir que siga intentando llegar a tu corazón usando un camino que todavía no se ha trazado.

Suena Miles Davis 

Y voy tomando vuelo para empezar a intentar dejarme llevar…

Acabo de pasar mi cumpleaños en el mar y fue una experiencia sin igual. Al final por mucho que costara, y en una 4×4 de lujo, atravesando un tremendo pantanal, llegamos a la Playa Colún. Y en ese extremo de la inaccesibilidad, sabíamos que seríamos los únicos en el lugar.

Tres días nos confundimos entre las arenas, los bosques, las lagunas y el agua de mar, interpretando el rol de ser un ser vivo mas. Dos noches de las mas estrelladas que he visto en mi vida, y listas para marcar. Amigos buenos niños y grandes, alumnos y maestros en núcleo listo para actuar.

El desafío de dejar de hablar y forzarse a comunicarnos con las manos, el choque de personalidad, la frustración y la dulce pérdida de lo no natural. El orden y la limpieza de nuestra realidad, y la certeza absoluta de poder confiar y dejarse llevar, con un remo siempre en la mano, porque el que no pone energía en algo, no tiene nada que reclamar.

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