Casarme yo.

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Hace tiempo que no fotografiaba un matrimonio y me había olvidado de ese nivel de tensión tan rico y motivante. Llevo un ciclo de un par de días en el que sin darme cuenta, mi rutina se convirtió en ritual. Hasta hago las cosas de otra manera, considero todo antes de actuar.

Soy un profesional.

Entré en un ciclo de cargas y descargas de baterías, tarjetas de memoria y pilas de flash. Un inventario completo de todo el equipo, nada puede faltar y si falla algo, tener como reemplazar.

Cuando llegué a la casa entré en un estado de mucha actividad en calma. Puse música fuerte, quemé un par de cositas y me puse a bailar. Fui ordenando todo, de a poco, con método y sin apurar. Si está ordenada mi casa, estoy ordenado yo. Puse un Jazz a toda raja y me metí en la ducha a meditar. Me sentía especial, con una preparación solemne, importante. Sentía como que estuviera casando yo.

Me afeité y volví a bailar, mientras reunía el equipo para completar el inventario.

Me llama el novio. Todo va de acuerdo al plan, está todo bien.

Siempre está todo bien.

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