La Endorfina

La endorfina es la moto de mi viejo. La mía cabe 10 veces dentro de su motor, así que te podrás hacer una idea de la clase de moto que es. Grande, pesada, ancha y firme. Poderosa como la potra del campo. Solo el darle arranque te llena de esa sensación de capacidad imparable. El motorazo que tiene ruge como si al expresarse, no se atreve a hablar mas nadie.

Y es bonita.

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Como desde hace tantos años que la he visto llenarse de polvo en el estacionamiento de mis viejos, me imagino que me acostumbré a mirarla como si fuera abundante, pero se me olvida que no es tan cotidiana cuando la saco a la calle:

El boche que meten sus dos escapes, avisa. Y cuando el curioso da vuelta la cabeza para mirar lo que viene echando infiernos, te pega los ojos encima y no te los suelta hasta que desapareciste en la siguiente esquina. Así vas haciendo de toda tu ruta una pasarela de elegante dominancia donde las personas te miran con la expresión del niño que ha visto pasar el circo.

Las únicas que no miran son las chiquillas, pero está bien porque uno no las puede andar echando arriba a todas. Pero a veces saluda gente desde la calle, los choferes bajan sus ventanas para preguntarte cosas, y los niños te hacen hola con la mano desde sus autos mientras los adelantas. La moto va llenando un lugar que suprimo, donde voy guardando el ego que no necesito.

Por eso le puse Endorfina, porque te hace sentir como si antes no fueras tan importante.

2 Comentarios Agrega el tuyo

    1. Diño dice:

      Que bueno que te gustó!

      Ü

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