Ojos amarillos.

Doblaba por la esquina cuando me encontré con sus ojos amarillos. ¡Ojos amarillos! Me clavé en ellos mientras también giraba en sentido contrario. Nunca había visto esos ojos, me pareció un sueño, no sabía que existía ese color en una mirada. A medida que aumentaba la tensión, noté que los ojos de ella también se habían clavado en los míos, y sin dejar de caminar nos atamos con un lazo férreo que cautivó nuestra mirada. Eventualmente pasó por mi lado, y giramos nuestras cabezas manteniendo el contacto. En cualquier otro lado, hubiera sido un movimiento atrevido y equivocado, pero nos seguimos mirando hasta que no fue posible continuar el giro. Sin sonreír, ni expresar mas que la profundidad de la nada, nuestras miradas suavemente se soltaron y dirigí mis ojos hacia mi propio norte, después de que mi brújula personal perdiera su rumbo, mientras pensaba en esos ojos amarillos…

… o dorados.

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