Buen vivir.

el

Las estrellas les dicen a quien puede oirlas, que este año el favorecido es el Gallo, y aunque siempre me he sentido favorecido, sin importar cual es el animalito de ocasión, este año las estrellas se pasaron.

De la nada prácticamente, me contactó un muchacho que andaba buscando hacer un trabajo conmigo. Este muchacho resultó ser un músico que me pidió que hiciera las imágenes del  último disco que había grabado para que las personas tengan en la música y con la naturaleza una experiencia espiritual.

Hace ya digo -vergonzosamente-, demasiado tiempo, que ilusionado pero sin planificación soñaba con mostrar los lugares a los que voy a conectarme, con la música que creo mientras me estoy conectando.

Lastimósamente le pedí al universo un micrófono de grabación para llevar conmigo a esos lugares e intentar explicar con solo dos sentidos, lo que se siente.

Yo creo que compadecido de mi y para que cortara el webeo, el Universo me mandó a Cristóbal Fones. Era el más cercano. Me heché en la espalda una oportunidad que sabía demasiado grande. Había que encontrar la belleza del mundo, pero esta vez en video.

– Salgámos entonces a grabar y crear material para este disco!

Así subimos montañas, escalamos ríos, nos metimos por vertientes, cruzamos el mar en distintos lugares, navegamos, volamos y nos diluimos en el descubrimiento del mundo para darle algo verdaderamente auténtico a esta música.

Menos mal que era música relajante, porque mientras iba en el bus tomando nota con los temas en mi teléfono, no era capaz de disfrutarlas sin decirme a mi mismo:

– No se como cresta voy a poder estar a la altura de esto.

Le dije a Cristóbal lo que pensaba, pero con esa certeza que solo tienen los hombres de Fe me respondió que el confiaba en mi porque confiaba en Dios. Rápidamente armé la fórmula matemática que planteaba el esquema y mas o menos quedó así.

Cristóbal confía en Dios, por lo tanto confía en mi. Es decir, Dios confía en mi.

Y yo… ¿En quien confío?

Con todos los motores encendidos era evidente que terminaría en la Isla Mocha donde vivo en un hotel a toda raja, con todas las ventajas de la existencia, ninguno de los gastos, y en una pieza con una vista privilegiada al cielo mas estrellado que recuerdo.

Y tengo una moto.

Di un poco de jugo basándome en la formula de pensar que el siguiente día siempre traería nuevas y mejores imágenes que las ya que ya estaban, y fui alargando irresponsablemente mi estadía en la Isla donde -realmente- conseguía nuevas y mejores imágenes cada día, atrasándome en los plazos.

Ya cuando fue inevitable considerar que estaba comprometiendo todo el trabajo, con el dolor de mi corazón me devolví al continente para dar señales de vida, y terminar -a toda máquina- de componer todo en una forma armónica y bella.

Todo se convirtió en secundario para mi. Dos semanas fusionado con el computador cortando, pegando, midiendo, borrando, retrocediendo, adelantando, sincronizando, diluyendo, escuchando, intencionando, y sobretodo… esperando.

He terminado.

Mañana es el lanzamiento oficial.

A las 18.00 hrs en Santiago y Buenos Aires – 15.00 hrs en el D.F – 16.00 hrs en Bogotá – 17.00 hrs en Caracas – 22.00 hrs en Madrid.

Justa razón para estar nervioso.

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