Sabado 11 de Marzo, 2017.

el

Desperté temprano, un poco turbado  con mi experiencia de la china que se metió en un tour donde pagó para ver a una Chita domesticada en una celda, que luego de felinamente escaparse de todo control, no encontró nada mejor que clavarme sus dientes y uñitas en mi brazo mientras yo le apretaba el cogote con el otro, intentando no apretarla tanto.

Mejor despertarse.

El día estaba muy luminoso. Intensidad y color, bella mañana, preciosa. Me preparé un desayuno rico y partí a instalarme en la vitrina del sol, contemplando los campos como se estaban preparando para aguantar bien el invierno.

Elegí buena música para la ducha.

Encendí el computador con calma, para darle tiempo con todo lo que se le venía. Lo dejé tranquilo en modo de espera mientras yo me preparaba mentalmente para terminar de hacer los últimos ajustes del disco.

Hice una pausa porque con Javier y Miguel, nos las dimos de leñadores y le estoy ayudando a botar unos pinos. Es una pega tremenda colgarse a 7 metros del suelo con una motosierra y después limpiar todo el desmadre.

Aprovechamos el impulso genial del espíritu comunitario para hacer un almuerzo de lujo en mesa grande con la familia, y terminamos en una tarde rica mientras se procesaban los archivos lentamente en el compu, que estaba achacado de pega.

Así no mas, casi sin darme cuenta apareció la luna llena emergiendo en el horizonte, abriéndose paso a victoriosos codazos entre gigantes cumulonimbos de tormenta. De la nada un tabaco bellamente enrolado, mi café, mi guitarra y la motita.

Dejé que la luna me cargara con toda esa energía reflejada y le di rienda suelta a las emociones y notas para que fluyeran libres y solas. En los breves lapsus mentales que aparecían inevitables, me sentí muy Cristóbal Fones y feliz de estar finalmente generando mi propia música, así que la terminé grabando con el teléfono.

Por jugar.

Siguiendo un precioso ejemplo, conversé con el universo y nos pusimos al día. Le pedí perdón por mi ausencia y le agradecí las pequeñas cosas de las que ahora soy consciente. El úniverso, en la forma mas bella que pudo, se encargó de recordarme que tengo que limpiar mi amatista y me encaminé a concretar todos los pasos que la llevaran a descansar en aguita con sal mientras la bañaba la luna.

En el aire estaba la tensión chacal que se percibe cuando es buena la aventura, y me acerqué a la Cuqui que estaba viendo un programa con un tipo como tu y como yo, que participaba en una excursión de arrieros que partieron a buscar sus animales a lo mas alto de la montaña.

Aluciné viéndome arriba de ese caballo, combatiendo de frente ese colosal viento, y picando espuelas para meter de nuevo en el rebaño al Novillo Pillo Corazón de Rebelde. Me mordí los labios imaginándome a mi documentando un viaje de esos, y me llené de luz cuando me di cuenta que ya lo estoy haciendo.

Volví al computador para documentar esta breve historia de mi vida mientras se sube el último tema del disco, y cerrando todo… voy a meditar con la luna.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Anónimo dice:

    Debo decir que viendo a ese mismo tipo a esa misma hora, por alla arriba, tambien alucine de estar alla, de cansarme de trabajar , de sentir la imponente montaña , de llegar a descansar al campamento , con comidita rica y un buen vino , hechar la talla con los amigos , cansados pero igual de animados , alucine y desee estar ahí , compartiendo todo eso con mi Hermanada, tal vez estábamos conectados.

    1. Diño dice:

      Estamos conectados todo el rato!!

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