Sueño de una noche de otoño

Titirititiritaba (Titiritaba quería escribir, pero todavía tirito) de frío, y no correspondía porque estaba el fuego prendido. Podría haberme acostado y no ir, pero una de las reglas aprendidas de la vida es mantener lo que mas se pueda el fuego. Así que fui a meterle mas palitos a la estufa, pero no me imaginé que terminaría convirtiéndose en una experiencia seria: No habían palos adentro.  Adentro estaba frío con fuego en la casa, y afuera estaba muchísimo peor. Ya estaba empezando a considerarse abortar misión, pero eso hubiera implicado una derrota sin haber hecho la pelea. Abrí la tapa para ver el fuego y una nube de humo de palo de estufa de combustión de palos de estufas salió con delicada gracia de su interior. No había viento y la existencia convirtió al lugar en un ahumador industrial. Mocos, dolor de ojos, imposibilidad de respirar… los palos afuera. Carajo. Llené los pulmones de aire (de afuera) y partí (mas)pafuera a correr “El Plástico de la Leña”, (que es ese telón predominantemente blanco pero disponible en una amplia gamas de colores como el negro o color caramelo, además de una variedad de grosores que puede usted adquirir de primera mano, con el fino trabajo del reciclaje  y líderes del mercado local). Sobre ese Plástico de la Leña, e imagino también que a muchos Plásticos de la Leña les ocurre algo parecido, sobretodo durante el otoño, porque se les van acumulando distintas capas de hojas secas, semillas y cacas. Todo eso fue lo que salió cagando hacia los cielos por haber retirado con urgente prontitud El Plástico de la Leña, con la premura implacable de meter los palos que guardaba, dentro de la estufa, en el menor tiempo posible. El proceso se explica mas o menos así: Destapar el Plástico de la Leña, Tomar rápidamente los palos, tomar todo el aire que se pueda, entrar, cerrar los ojos, meter los palos, no pillarse los dedos, cerrar, salir, abrir los ojos, soltar el aire, tomar mas palos (porque son grandes), tomar mas aire, entrar, meter lo palos y cerrar. Y todo eso con un mosco que me daba vueltas en la cara. No tenía tiempo ni manos para espantar al bicho en la urgencia de mis actividades, pero entré a la cocina para lavarme sacudiéndome la ropa para sacarme todos los restos de virutas y hollines y aserrines y cagadas varias, cuando volvió el mosco. Todos los sistemas apagados. Me quedé estítico (también). Aquí no se mueve una sola hoja sin que yo lo sepa. Y el mosco se quedó congelado también a unos 5 centímetros de mi ojo izquierdo colgando de su telita. Resultó ser una arañita común y corriente, del pueblo, así como tu y como yo, que después de otro duro día en el Jardín, La Loca, imagino que raja, se quedó dormida en la tierrita del Plástico de la Leña y mientras estaba en el mejor momento de la noche, TODO, absolutamente todo, se fue a la CHUCHA. Me imagino también que uno de sus superpoderes arañísticos de defensa es justamente mandar un último y desesperado chorrito de tela en el caso eventual que una noche cualquiera todo se vaya a la CHUCHA., y así terminó colgando de mi pelo, todavía media semidormida, con los horizontes a la cresta y rodeada de humo y fuego. Yo creo que se imaginó el infierno. – Me Morí, ya. Tiene que haber dicho. Imagínate como volaba esa pobre entre el humo del infierno, para que yo pensara que era un mosco. Tiene que haber estado pa la cagá. Después del milisegundo que me tomó visualizar toda su experiencia, la tomé en mi mano con todo el cariño de la existencia y la llené de luz. Le pedí disculpas por haberla invitado a una aventura tan extrema, a veces pasa, uno no lo busca esto, llega. Con la confianza de los amigos ya declarados me acerqué para verla, y resultó ser una LIN DU RA. Una morena tipo cuero curtido, rodeada de ocho patitas cortas pero fuertes y naranjas. Me encantó pero no era para mi, así que la llevé de vuelta al Jardín. Le recordé que no era una buena idea hacer camita en el Plástico de la Leña, como tampoco en los palos que cuida, porque yo mismo he visto arañitas porfiadas que despertaban rodeadas de fuego y humo cuando ya no había nada por hacer. Decidimos que se quedara en una plantita que siempre hemos considerado muy amigable. Se descolgó rápidamente de mi mano, así que nos entretuvimos un tiempo jugando al Helicóptero de “Misión de Rescate”. Cuando el helicóptero había dejado a la heroína en su territorio para comenzar su misión, empezó a volver a su base, pero un tirón inesperado, convirtió rápidamente a la Arañi otra vez en el mosco. Así que tuve que aterrizarla de nuevo y le dije – Yapo sin enamorarse!

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