El mounstro de la caja 

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Y de la nada apareció el recuerdo ante mi, de un día en el que jugando con otros niños en una ciudad del sur, saltábamos murallas y rejas para meternos a las casas por sus ventanas, correr por callejones de patios con escombros y desperdicios hasta que nos encontramos con una gran caja cerrada de metal con un candado en la puerta desde donde se escuchaban los llantos y golpes de un ser humano. Nadie nos creyó la historia cuando la contamos… cosa de niños, dijeron los adultos. 

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