Un sábado cualquiera, así por ser, vió?

Tuve un despertar muy canino,  primitivo, cavernícola, quizá algo canibal. El día estaba la raja, y me convertí en un perro. La Lilo ha estado un poco enferma, no es algo terminal pero está super vieja y ya están muy marcados sus achaques. Le he dedicado un amor que nunca antes le he entregado a perrito alguno y estamos en paz. Como ya estábamos en modo perro y repartiendo amor a diestra y siniestra, agarré papa y me dediqué por completo a la tarea una por una, y como entienden el funcionamiento del sistema, cada una se puso en la fila a esperar su turno.

En el pasto con los perros fue pasando la tarde, mientras en el cielo pasaban las nubes que dibujaban sus sombras chinas en el suelo. Pasó un avión surcando veloz el cielo entre las nubes y recordé a los primeros pilotos de guerra que las usaban para ocultarse. Siempre he admirado mucho a esos personajes, que siendo pioneros en la ciencia de las máquinas voladoras, tuvieron que jugarse la vida en maniobras suicidas. No creo que hayan sobrevivido demasiados aviadores cuyos remilgos a la audacia se vieran intimidados con un enemigo baleándoles la raja.

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Mientras pensaba en los cazadores del cielo, apareció un Aguilucho y me maravillé de su presencia. En circulos perfectos y a enorme altura, volaba silencioso y vigilante buscando cualquier indicio de movimiento ratonil en el suelo. Lo observé un buen rato a ver si se lanzaba en picado después de haber encontrado su postre. Pero ocurrió algo completamente inesperado:

Una gigantesca caca blanca sale expelida de su elevado ano. El chorro resultó ser tan desproporcionado al tamaño del ave, que no puedo pensar en otra cosa que no sea una medida de emergencia, nosé, un desperfecto mecánico, quizá un desbalance aerodinámico, que se yo. Mi mente volaba perdida en las dimensiones de la caca que caía, hasta que caí en cuenta que esa meca venía derechito hacia mi.

Cresta, no te creo que me toca tragarme la caca de este pajarito.

Pensé en huir, lo admito. La caca bajaba veloz y quise correr en circulos, pero el Buda me enseñó a permaner impasible, porque si me tiene que caer caca en la cara, me va a caer aunque esté bajo techo. Me relajé y me puse a analizar la trayectoria del cacamen en el cielo y pude notar como la mismísima gravedad, terminó por disolverla antes de que llegara al suelo. Ninguna gota ni solido blanquecino alcanzaría mi inocencia.

Entonces discurrí un perfecto plan para terminar con el problema cacal de la humanidad: El gobierno gringo debe construir un avanzado sistema que permita transportar toda la caca de la tierra hacia la estratosfera y desde ahí, soltarla para que las fabulosas corrientes a chorro la diseminen por todo el planeta y así todos respiremos nuestra propia mierda, como seguramente me estaba respirando las mecas de este pajarito. Que al final no era uno sino tres. La presencia de la familia agregaba probabilidades caquisticas desproporcionadas, pero ya sabía que un poquito de mierda rapaz en los pulmones no me produciría mas daño que toda la mierda que me meto yo mismo, con tanta facilidad buen ánimo y olgura.

El Sol tiró a watear. Y yo todavía en modo perro, ni ahí con entrarme. Así que fui a buscar la Super Manta de Combate de las Mil Guerras que tenemos aquí guardada en algún sagrado lugar de la casa. Por supuesto que si me ven tirado en el pasto con los perros, usando la Mítica Manta de Gondor me hubieran chucheteado con una excelente e inverosimil riqueza de palabras ¿No ves que es esa una manta demasiado buena?

Claro, por penca mi viejito la llevó a una expedición a caballo por Tierra del Fuego a descubrir un lugar que ningún ser humano había pisado antes y fue la mejor compañera. Estamos de acuerdo que es una pieza de museo, que ya no las fabrican y que es una tecnología perdida y que podemos colgarla exhibición para que todos la vean, pero ¿donde queda la gloria de cumplir el propósito para el que fue creada?

Que se vaya el Sol. Me quedo con la manta y que wea.

Aparece el espíritu del lobo y ganas de hacer loberías. Hay una cantidad absurda de ramas y palos para quemar después de la masacre en la Batalla de los Cipreses y me motivo con una fogata. Tengo un montón de cerveza, hay mate, tabaco, bless, lov, olnailong, y todo lo demás. Reuno los ingredientes y parto.

La cosa agarra vuelo y prende bueno. Esto va muy bien, llamo a los amigos a que vengan a lobear conmigo y aparece Daichi super motivado a compartir el fuego con la Victoria que es profesora de danza, así que por un pelo no nos pintamos la cara con ceniza y nos ponemos a bailar como los seres de las cavernas.

Los chicos se fueron después de haber armado una hoguera de brujas y justo cuando empezaba la lluvia. Yo me quedé lo suficiente para preguntarme si en realidad me estaba mojando o me estaba secando, pero ya cuando la lluvia se agiló con todo y se apagó el fuego, comprendí que quizá era un buen momento para irse a dormir en una cama, como los seres humanos contemporáneos.

Yo quería dormir con los perros.

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