Los ojos de la Ñaña.

La micro viene llena y al lado mío también de pie, viene apretada una Ñaña que está nerviosa porque al no tener donde agarrarse, no sabe donde poner las manos mientras se balancea en estas curvas de montaña. Me echo atrás para darle mi espacio y la observo. Cuando encuentra el nuevo lugar, se afirma con sus manos y veo como se encuentra con la paz que buscaba. Ella me ve también y agradecida, me regala una sonrisa hermosa. Con la misma alegría le sonrío también, y en el NoTiempo nos quedamos mirando felices de lo bonito que es encontrar ojos ajenos donde poder saludar el alma.

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