El juego de la rutina inventada

Me he construido una rutina rica que me venía haciendo falta desde hace tiempo, pero me ha costado mucho mantenerla porque mi afinidad nocturna contrarresta la constancia. La idea es levantarme muy temprano y meditar en la mañana antes de que salga el sol. Partí a las 4, pero mi estilo de vida aún no es muy compatible con esos horarios tan extremos a menos que me aisle y no se por qué la pienso tanto. Así que por el momento me estoy levantando a las 6 que es una excelente hora para coincidir con el primer rayo del sol que aparece sobre el Llaima.

– Tres semanas te va a tomar crear el hábito para hacer la rutina, me dijo.

Y parece que funciona porque a pesar de que había pasado una noche completa sin dormir, hoy desperté antes que sonara la alarma, así que imagino que ya estoy medio redi. Estoy siguiendo la escuela Vipassana del Buda Gautama lo mas estricto que puedo, pero estoy a punto de rebelarme porque el Buda insiste en meditar dentro de la casa y yo voy derechito hacia los bosques.

La meditación me entrega una calma que no he encontrando en ninguna otra parte, salvo en la bicicleta que viajo, en la música que creo, en los árboles que escalo, o en las montañas que camino. Bueno, hay hartos lugares donde encuentro mi calma, pero la meditación me libera de todo, incluso del Pollo.

Durante el día o la noche no hay problema, que venga.

Y viene.

Siempre viene. Y vuelve, siempre vuelve. Y es inevitable porque el Pollo es curioso, ahí está, siempre presente, pendiente de lo que hago, lo que pienso, lo que siento. No importa, me gusta. Ya me acostumbré a su presencia imaginaria y tiene su lugar en mi rutina inventada. Por supuesto no toca nada, si es una imagen de mi mente. Y bueno, pasa lo mismo conmigo, que como buen zorro, desde el límite del bosque la observo silencioso y con paciencia, esperando los jueves a que los cazadores vayan a bailar con las muchachas del pueblo. Por supuesto no toco nada, si soy una imagen de su mente. También tengo un lugar en su rutina inventada.

Ella no es como los demas pollos, ni yo como los demás zorros.

Y así nos miramos sin ver, nos tocamos sin tocar, y nos sentimos sin sentir.

Así jugamos sin jugar, y sin entretenerme me entretengo, porque la vida es un sueño donde lo único real son los sentimientos. Poco de real tiene toda la estructura por firme que sea, las mismas barreras, incluso las de las mente. Poco de real tienen todas nuestras creencias, todas nuestras verdades, todos nuestros complejos.

La vida es un sueño donde lo único real son los sentimientos, porque ellos nacen en el misterio del alma.

Por eso la meditación me entrega esa calma que me permite separarme de todo. Puedo ponerle la tranca al gallinero y decir tranquilamente “ahora no”, y aunque eso no impide que venga, porque este Pollo es astuto y una simple tranca no lo detiene…

…en la meditación es sólo otra de las muchas voces de mi mente.

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