En la Copa del Mago.

A pesar de que recién florece, yo llevaba demasiado tiempo verde y no de clorofila, sino de ganas. Desde marzo que no escalaba y no por falta de tiempo, ni de esas cagadas de las que nos acostumbramos tanto para no hacer las cosas que nutren el alma. Zona de confort le dicen los que se dan por enterados.

Hasta que lo vi verde y con mucha fuerza en sus ramas. Le levanto las cejas, y me cierra un ojo… Listo.

Ya mierda, a cagar.

Partí a buscar el equipo: La cuerda larga, el arnés, la cuerda azul, los cordines colorados, los cordines azules, el cordín morado, los dos cordines de ascenso, el mosquetón principal, el secundario, el repuesto, el gri gri y el dado. Una botella de agua, un poleron, un libro, una cosita para quemar, un cuaderno, un lapiz, mi cámara, trípode, teléfono y mi carnet por si hay que identificar mi cadaver.

Listo, vamos.

Llego a su base y dejo todo en el suelo. Lo saludo y lo abrazo. Me gusta el shorizo ese, es un amigo serio, nos tenemos harto cariño. Preparo el equipo, saco un par de fotos y listo, manos a la obra.

Preparo la vía de ascenso. Fijar una cuerda en altura desde el suelo creo que es el medio arte. No es complejo pero es bonito. Encuentro la raja poder dirigir un nudo en la distancia y luego apretarlo o soltarlo desde lejos: Pongo el dado en el cordín largo, un par de giros rápidos y lo lanzo arriba a cagar. Hace un arco en el aire y pasa perfecto justo por la rama que quiero. Nunca me había salido a la primera, y no había nadie para aplaudir mi inmenso ego. Que lástima, ellos se lo pierden. Con la cuerda chica paso la cuerda grande, la fijo y estamos.

Me pongo el arnés, me cuelgo todo lo que puedo necesitar si quedo colgado, luego la última foto con vida y estamos.

Abrazo, permiso, cariño. Estamos autorizados. Estoy listo.

Instalo el Prusik para subir por la cuerda y como soy poderoso y seco, me queda hermoso a la primera y eso que es un nudo medio desordenado si se te escapa. Me alabo a mi mismo y a mi magnánima divinidad celeste por mis ilimitadas y complejas habilidades superhumanas.

Me engancho al nudo y doy el primer jugo: Intento subir como los artistas del circo, pero como no soy un artista del circo, tuve que bajarme del Poni y poner humillado otro Prusik debajo. Y así vamos pa arriba, pasito a pasito, suave suavecito. Hasta que mi cuerpo y mi alma llegan al nudo.

Listo pue, estamos en tierra deressha.

Ya en la primera base, como Carcuro me pongo de pie. Se supone que aquí tengo que soltarme del Prusik y asesurgarme (que es igual que asegurarse pero mucho mas bacán) directo a la rama, pero se me enreda la cuerda y me siento un payaso. Me quedó la super cagá, se me enredó todo, me convertí en una vergüenza. Menos mal que no había nadie mirando, porque fui un show de la miseria.

Demasiado rato estuve intentando peinar la peluca del mono. Pero como soy potente y perfecto, lo solucioné con inigualable astucia magistral. Listo, ahora si que me aseguro.

Fiú…

Me suelto del Prusik y estoy libre para seguir subiendo. Desato la cuerda larga, pero antes de dejarla caer al suelo, la atajo con un bowline a mi arnés, porque si la llegara a perder, los únicos que me bajan son los bomberos.

De ahí el teléfono.

Ya mierda, vamos pa arriba. Un Carcuro nuevamente y camino hacia el tronco. Hay que cambiarse de rama, y dar un paso largo sin ningún lugar donde agarrarse. Ya es una caida de unos 7 metros.

¿Cresta, quien me manda a mi a hacer esta clase de cagadas?

Listo, no queda mas que confiar en los nudos, que aquí vinimos a darlo todo y a cagar, pasemos y pasamos. Me aseguro a una rama nueva, suelto la vieja, y busco como seguir avanzando.

No me acordaba que este árbol era tan complejo. Son demasiadas las contorsiones que hay que hacer para poder avanzar por sobre, bajo, entre, durante, cabe, con, sin, sobre y trás sus ramas. Tremendo jaleo es el cuento de la progresión ramística arboril. Además, a veces hay que saltar a una rama de mas arriba, como tratando de subirse al caballo sin estribos, ni silla, ni nada de donde agarrarse.

Y mientras me raspo toda la wata y pongo la vida entera en tratar de subir este cuerpo recio y viril sobre la super rama que no me la hace fácil, digo a mi mismo: ¿Mismo, quien me manda a mi a hacer esta clase de cagadas?.

Me hago una yaya en un dedo pero lloro poco. Sana sana colita de rana, soy fuerte y valiente. No necesito curitas de superhéroes.

Avanzo. Cambio el seguro, y suelto el otro, y la vista cambia tan rápido, estoy tan alto, desde aquí se me la casa desde yo veo el árbol cuando estoy en ella. Muy feliz. Bueno, hasta que me acuerdo de lo que sigue y ahí se me acaba un poco la fiesta, porque se me vienen dos metros muy jodidos y letales.

Si no los hubiera hecho antes, por ningún motivo y ni cagando lo hago ahora. Claro antes era un poco mas maricomm y formaba nudos y pasitos y pisos y agarraderas con cuerdas y tanta mierda que le ponía para poder hacerla, de puro asegurado y cobarde, pero como ahora soy grande y me como toda la comida, empecé a mandarle a cagar así no mas.

Y así le mandé.

La puntititita del zapato en la puntititita del cototitin que se asoma como un poroto en la corteza, y que es la única wea donde se puede poner una pata. Listo, encomendado al señor y a todas las vírgenes (y las que no lo son tanto) vamos pa arriba tratando de abrazar el árbol porque no hay ninguna otra mierda de la que agarrarse. Y ahí, confiando en ese puto centímetro cuadrado que te separa de una caida de cuatro metros,  apoyo la otra puntititita del otro zapato en la otra puntititita del otro cototin cototito de la corteza que está mas arriba. Y ahí, si todavía no me he ido a la mierda, podría eventualmente agarrarme de una rama con la mano.

Es una putada.

Pero la agarro porque soy bacán y poderoso, autocompasivo, simple y bondadoso. Flores y coronas de laurel y olivo para este divino ser fenomenal. Apoyo la guata en la rama a la que llegué y me quedo agarrado con las patas colgando bien indignamente mirando para abajo, intentando cachar que chucha. No de veras, en serio ¿Quien me manda a mi a hacer esta clase de cagadas?.

Por la rechucha, no entiendo que ando haciendo aquí.

(Mentira)

Vivir lo mas intensamente que se pueda, experimentando imposibles, proyectando la voluntad de las cosas con las que sueño, dando la vida entera evitando que se fuera. Igual que estar enamorado. No importa si no entiendo que ando haciendo ahí, mas que vivir lo mas intensamente que se pueda, experimentando imposibles, proyectando la voluntad las cosas con las que sueño, dando la vida entera, evitando que se fuera.

La vida es amor, no hay una definición mas simple.  Si la vida no es para eso…

¿Para que es?

Dímelo tú, que sigues volviendo.

Desafiar los imposibles le da sabor a la vida. Por eso escalo, por eso amo, por eso vivo.

En la eternidad de mis pajeos emocionales, con la wata todavía indignamente apoyada en la rama, subo la rodilla derecha al caballo y me siento. Miro hacia abajo, me río y me soprendo de donde vengo. Miro para arriba, me río y me sorprendo hacia donde voy. Miro mis manos, mis piernas que cuelgan y me sorprendo de donde estoy. Me sobra todo, estoy completo, no necesito nada.

Listo, sigamos.

Carcurazo. Ya nada es tan complicado. Me encuentro con un par de imposibles, pero ya nada lo es. Las ramas son mas y mas finas, y yo mas y mas liviano. Cambió el nombre del juego, la meta ya no es llegar arriba y estoy tan cerca, que llego. No siento una emoción especial por haber llegado. A pesar de mi superfenomenal capacidad sobrehumana invencible y mi superioridad aria, no hay un sentimiento de conquista particular. Siento paz, me siento tranquilo. Es como llegar a la casa y sacarse los zapatos, ponerse cómodo. En este lugar me siento pleno.

Me saco la mochila y la cuelgo en un chonguito de rama que el Mago dejó para mi. Estoy en la punta de su sombrero y  lo rico es que ya no es vertical, sino plana. Muy cómodamente me acuesto. Saco el agua, una cosita para quemar, mi cuaderno y mi libro. Así nos quedamos los dos, balanceándonos completos con el movimiento del viento hasta que llega un tercero: Un amigo curioso que se acerca saltando de rama en rama a mi lado. No encajo en el concepto que el conoce, soy algo nuevo. No me tiene miedo y no tiene por qué, y así es todo perfecto, volvemos al origen.

Muy rápido empiezan a alargarse las sombras y ya me he jurado a mi mismo no volver a hacer este rapel sin luz. Empiezo a organizar todo el cuento, recojo la cuerda, guardo todo lo restante y fijo el nudo en el mejor lugar disponible. Largo la cuerda al carajo para abajo que majo, y me vuelvo a cagar de lo alto.

Me pongo la mochila, fijo el Gri Gri y me engancho. Me acerco al borde de la rama en la que estoy acostado donde está el nudo, y pienso “Si, quizás aquí me mato”. Y me lanzo. El Gri Gri funciona, el nudo está bien apretado, la rama del Mago me aguanta, listo, estamos al otro lado.

Disfruto tanto estar colgado, es como un placer de chocolate robado. Me regocijo por última vez con esa vista super privilegiada, doy gracias a la vida que me ha dado tanto y nos vamos pa abajo.

Y me largo mientras las ramas grandes pasan veloces a mi lado, y el nudo del que estoy colgando se achica y se achica allá arriba muy lejos, muy alto donde alcanzamos los sueños.

Toco el piso. Carcurazo. Me siento la raja, y los brazos, y las manos. Me siento todo. Todo arañado, pa la cagá, los dedos con sangre, pero vivo a cagar. Que wea mas rica, no cabe dentro de mi todo esto. Todo es cosquillitas y hormigueos ricos, puras sensaciones bonitas y dolores de mierda también, por supuesto, como van a faltar.

Subió uno pero bajó otro, y aunque es la misma dirección en la que caminaba, ahora todo es distinto, mucho mas simple.

Suelto el nudo que está allá arriba y recojo la cuerda. Ya me puedo sacar el arnés y guardar el equipo. Voy a saludar a una familia que llegó a pasear con sus perros y nos quedamos conversando un rato. No les cabe que yo recién me haya bajado de ese gigante.

A mi tampoco me cabe.

 

• Invisible – Los libros de la buena memoria.

 

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