Hojitas de Tepa.

Llovía suave y con esa delicadeza femenina de la gota fina, que se toma todo su tiempo en aterrizar sobre el suelo brillante, reflejando todas las luces en cada paso que daba. Los aviones maniatados, congelados en el tiempo, se resignaban a su destino de pausa esperando su momento en el cielo, mientras avanzando sin preocupación, sobre las planchas de concreto de las ciudades que pretenden parecer modernas, siento los restos de arena que ahora viajan conmigo en mis zapatos, como el vivo recuerdo de lo único que me traje de mi viaje hacia lo profundo del mar.

Eso, la luz en mi mente, el abismo en mi corazón, y mis hojitas de Tepa.

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