La llegada de la gente.

El día se debate entre fugaces momentos de incandecente calor y luz, y violentas descargas de lluvia reprimida. Son impresionantes las diferencias que existen en el paisaje entre un momento y otro. Energéticamente hay una atmósfera ansiosa pero tranquila, estamos solos pero plenos. En la tranquilidad de la mutua compañía, de compartir el paisaje, la mucha agua y poca comida, los consejos, recomendaciones y cariños, vamos preparando la mente para enfrentarnos a la llegada de toda la gente. Es una tensión bien extraña el estar tan a gusto con tan pequeña y valiosa compañía para luego lenfrentarse a un mar de personas desconocidas.

Lo bueno es que cuando han comenzado a llegar, vienen de a poco y con un montón de amor bonito que hace la transición mas sutil y llevadera.

Cristian se está tomando el tiempo de ordenar el salón y en las paredes está empapelando entelando todas las superficies con los bordados shipibos de Jaime. La tormenta avanza fuerte sobre el lago, vemos como va descargando toda su agua en el horizonte y como se nos va acercando en un tiempo que parece largo, pero es breve. Alcanzamos a apretujarnos debajo de un techo cuando todo se va de madres y el cielo se quiebra en el agua que cae.

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Ya siento la vibración en el aire, estoy nervioso. Aún no he decidido entregarme, sigue el estigma del mal viaje. La Panchi me alcanza un tabaco con la mano, y en el límite donde la lluvia no puede alcanzarnos, nos sentamos juntos en el suelo esperando que todo comience o que todo pase.

Cris nos pide que entremos al salón y nos sentamos todos en el suelo. Jaime está con su traje ceremonial, es un bordado tan complejo como hermoso. Hay una historia en cada hebra de su tejido. Abrimos la reunión con un saludo de bienvenida, una mini presentación grupal y partimos con el circulo de canciones.

Alguien agarra un tambor y con el ritmo que le pone, comienza una canción. Los demás se van sumando con otros instrumentos o con lo que tengan a mano. Alguien se ofrece a cantar otro tema, y así nos vamos soltando y entregando a la ligereza de la confianza en compañía. Todas las canciones hablan del agua, del río, de la energía pura y bella, de la madre tierra, del padre sol, de las medicinas ancestrales, de los bosques y montañas.

Ya somos todos amigos.

Jaime nos habla de la medicina, del como recibirla, de lo que hay que tener en cuenta, de lo que podemos esperar y lo que no. Es una charla completa para aprender a relacionarse con ella. Está feliz, brilla de alegría. Es un gusto mirarlo reir por cualquier cosa tan sencilla. Todos disfrutamos su simpatía.

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Termina la charla, alguien trae agua, miel, mate, galletas, pancitos y frutas. El círculo se desordena, todos participan de la comida, el ambiente se llena de risas.

– Siento una confianza infinita –

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