Permiso abuelita.

Mientras pasaban las tacitas palláypacá, fui poseido por aquel espíritu torpe que derepente de puro motivado se mete dentro de mi y maneja. Entonces heme aquí a mi mismo, torpemente estancado en un grupo Japi, asumiendo mi merecidisísima pollez.

¿Y que puede hacer un pollo en su pollez?

Bueno lo primero es tomar un te. Así que torpemente parto al sector de las tacitas para prepararme alguna cosa rica. Jaime debe tener su Pollímetro bien afinado porque aparece materializado frente a mi para preguntarme si está todo bien.

Aprovecho para hacerle las preguntas mas críticas, mis dudas mas oscuras y mis miedos mas perversos. Se rie conmigo y de mi nos reímos los dos. Disipa las dudas como quien limpia las telarañas de las esquinas. Nos abrazamos y saludamos el alma con la mirada.

Ya tengo la actitud que necesito, vamos, luz verde. Confío, voy.

Igual de pollo pero ya decidido, retomo mi te y vuelvo a la bandeja de las cosas ricas. Dos niñas cuchicheaban en el suelo frente a mi y me empiezan a meter conversa. Una pregunta cuantas veces he hecho este viaje y respondo “esta es la primera”. Se me viene encima en un arrebato de ternura.

Estoy adoptado, listo.

El pollo encontró a su gallina y la gallina encontró a su pollo. Recibo mucho amor y cariño de estas chiquillas. Me siento muy acogido, en confianza y feliz. Ya no tengo nervios, preocupaciones, ni miedos. Está todo bien.

El consejo es entregarse: Es simple, es directo, es claro y concreto.

Ahora hay un pequeño caos, tenemos que elegir un lugar para sentarse a pasar la noche. Todos se mueven acomodándo sus cosas, sacos, mantas, cojines, confort y los vomitaderos, porque los enterados dicen que es la fiesta del witre. Las niñas hacen un lugar para mi en su rinconcito y me invitan a quedarme con ellas. Siempre imaginé que haríamos el viaje juntos con la Panchita, pero hay que entregarse y ya me estoy entregando. Nos despedimos con un abrazo eterno, deseándonos el mejor viaje, que en otra forma pero en el mismo cuerpo nos encontraremos por la mañana.

Con mi gallina nos ponemos de acuerdo en los detalles prácticos y con nuestras vergüenzas, que como llegué re tarde a la repartición de tarros, me tocó uno que se da vuelta y en el festival del vómito, ningún brillo que estén mis desgracias desparramadas por todo el suelo. Me ofreció compartir su tarrito conmigo. Nos conocemos hace 10 minutos y ya estamos compartiendo “los alivios” de la abuelita.

Todavía no tengo idea ni como se llama.

Jaime aparece finalmente por la escalera.

ayahuasca-250-Pano

– Comienza la ceremonia –

 

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