En el aserradero con Shrek

El proceso de aprendizaje es todo un cuento porque requiere enfrentarse a un montón de jaleos desconocidos en el que uno tiene que ir improvisando a medida que se va encontrando con las complicaciones propias del emprendimiento. Así mismitísimo, como papel en blanco, uno va agregando info de lo que inicialmente no se sabe nada pero es que de nada, y así uno termina metido en una barraca de madera, intentando cachar como, es que como re cresta, funciona este sistema. 

Una barraca es como un supermercado, pero de madera. No pierdas tiempo imaginándote caminar por ahí por los pasillos con el carrito como quien busca las cajas de leche, porque aquí el cuento es otro. Arrimadas en todas direcciones ves torres y torres de madera, y tablones y tablas, y aserrín y aserrán como los maderos de San Juan que piden pan y no les dan. Y por ahí andan los madereros también pululando como hormiguitas metiendo troncos en sierras, que se los tragan como si estuvieran feroces y hambrientas.

Intentando encontrar un lenguaje que yo pudiera semientender a medias para ver si me pudiera agarrar de algo, partí a la “sala de ventas” que es como una sala común y corriente, pero donde ocurren ventas. Ahi me imaginé encontrar un ser medianamente civilizado que hable mi idioma, pero me encontré con una mesa llena de lapices, y escuadras y reglas de medición y huinchas y cosas que uno podría encontrar en un aserradero, donde estaban sentados unos gordos completamente gigantes con cascos de seguridad y guantes de trabajo colgando de sus cinturones de trabajo. Todo muy de aserradero.

Cagué, aquí no voy a encontrar a nadie civilizado.

Parece que se me notó la cara de pollo, porque el mas gordo de los gigantes, que de ahora en adelante llamaré Shrek, se levantó de su mesa y me preguntó si necesitaba ayuda.

– Tengo dos preguntas – le dije.
– La mala primero! – me contestó.
– Son preguntas, no noticias!

Se ríen bien fuerte los gordos gigantes. Yo creo que los gordos gigantes que usan cascos y guantes de trabajo colgando de sus cinturones de trabajo y que trabajan en aserraderos, no pueden comunicarse con otros seres humanos sin usar sus huinchas de medir, porque me imagino que es una herramienta fundamental para expresarse. Cuando llegan a sus casas, pienso que mientras conversan con sus señoras enormes y sus niños gigantes, lo van midiendo todo con sus huinchas de trabajo.

Hay que ser muy de aserradero para trabajar en un aserradero.

Shrek me llevó para afuera de la sala de ventas para explicarme como funciona el sistema, y mientras se quejaba de un dolor en su pierna, me fue explicando (según lo que le pude entender debido a lo gigante de su lengua que aparentemente no cabía en una boca no lo suficientemente gigante). Me mostró palos y mas palos, y tablas y tablones, y con su huincha me iba midiendo y me hablaba de pulgadas y milímetros, de 10/20, 40/10, y yo sin entenderle ni raja.

Imagino que Shreck se dio cuenta de mi estupefacta estupefacción, porque guardó su huincha y me dijo: A ver, ¿pero que es lo que quieres hacer tu? Y para hacerla corta, saqué el teléfono y le mostré una foto. Se demoró un rato en entender la imagen, pero cuando lo hizo, bajó las orejas y me dijo:

– Soy bien shoro tu ah?

Ahora estábamos hablando el mismo idioma. Quedé listoco, solo que seguía estando en cero. Lo bueno es que ya se lo que tengo que hacer, solo hay que aprender a hacerlo.

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