18 minutos de viaje.

La noche avanzaba sin tiempo, sin apuro, sin preocupaciones, sin cuerpo. La moral estaba muy arriba, había mucha alegría en el aire, una onda muy linda y llena de colores en un universo que al construirse se deshacía.

Sabía que en una de estas realidades que se estaban proyectando, mi cámara estaba por ahí en alguna parte cerca de mi, si es que se podía decir que había algo que estuviese cerca o lejano. Quise grabar algo para traerme un poquito de todo eso a este plano ¿pero como podría haberlo hecho si no tenía manos? Primero tuve que luchar brevemente con la irrelevancia de la grabación en si misma, pero duró poco.

Hice un mediano esfuerzo para traer consciencia a esta realidad y poder reencontrarme con mi cuerpo. Desde mi mente empecé a buscar mis manos y las encontré ahí, muy lindas, fuertes y bonitas como siempre han sido. Las estiré hacia un ladito y mas que haberla encontrado, fue como si se hubiese materializado al contacto con mis manos.

De ahí ningún problema, salvo mantener la insensatez de algo tan efímero como el momento. Para que hablar del enfoque o la exposición, ni el encuadre… que futilidad mas grande.

Me alcanzó la cordura para apretar el REC y dejar la cámara apoyada en mi wata mientras grababa peleándose el encuadre con el autofoco y mi respiración. Ahí quedó apoyada, en piloto automático mientras yo volvía a disolverme en el todo.

Llevaba grabando 1 minuto y medio cuando se prendió la alerta roja de la batería y desde mi perspectiva espiritual elevada y perfecta dije:

Chucha pico, cagó todo, nos fuimos a la mierda.

Porque cuando se enciende esa alerta, tienes el tiempo suficiente para quejarte y buscar la otra batería (en el caso de que la tengas) porque te quedan unos 30 segundos adicionales de energía para terminar de grabar lo que sea con lo que te estés encabronando.

Y yo sin manos.

Le pedí al úniverso con el que ya estaba completamente fusionado, que la batería aguantara lo máximo que fuese posible, y así pasaron 18 minutos de pura magia. Cuando finalmente se deshizo en el agotamiento mas completo, me deshice yo también en un agradecimiento total y profundo por aquel regalo del cielo, que me permitió traer un poquito de aquello a la tierra en la que me relaciono la mayor parte del tiempo.

Es así como puedo ahora compartir
estos 18 minutitos de viaje.

 

Las imágenes de todo el proceso forman parte de un álbum en flickr al que puedes entrar si haces click aquí.

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