1| El Rescate de la Gorda

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Si señores, justo con la llegada del verano, llega también la primavera y las ganas de loquear al viento calentito. Hay 1.100 centímetros cúbicos de poder y belleza escondidos debajo de un montón de hollín, polvo, cenizas, tierra, telares de araña y pelitos de perro.

Dos años lleva parada, acumulando pena.

– Joder María, que esto no puede ser! – Exclamó el vasco.

Me vale ostia. Así que iniciamos una campaña para resucitarla y traerla de vuelta al Mundo de Los Que Cuando Llega la Primavera Les Dan Ganas de Loquear al Viento Calentito. En nuestra inocencia el doctor nos estafó con el arreglo y al verse descubierto, intentó compensarlo con una que nos debía que se sacó debajo de la manga para arreglar su juego.

La rescatamos. Estaba libre.

El plan era concretar un paseo con la gorda para cumplir el primer paso del plan del día, así que una vez en la casa y embebido en la determinación mas metodológica y profesional, sentado en ella, giro la llave con suavidad, bajo la tecla roja que inyecta electricidad a los motores,  y con un delicado movimiento de muñeca le doy un poquito de aceleración al sistema. Transfiero energía hacia el dedo gordo que está apoyado en el botón del encendido que dice Start.

– Space Shuttle, from Missión Control. You´re ready to take off. Start your engines in Ten, Nine, Eight, Seven, Six…

– PROCOTOMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM.

Una serie de poderosas explosiones en sucesión constante y de fuerza en equilibrio, destruyó la armonía y la paz de toda la casa, de la parcela, de los vecinos, de la cuadra y parte de la región. Imagínate un helicóptero aterrizando en tu techo, durante la guerra de Vietnam con muchas balas y granadas. Agrégale aviones, bombas nucleares y supernovas.

Igualito es el ruido que produce esta bestia loca en la casa. Ruidosa como esas gordas encachadas que de tan llenas de vida y de puro gozadoras nos vuelan la raja en el manejo del cuerpo.

Al principio la Gorda me pareció demasiado pesada, sentí que era un trabajo serio el mantenerla en equilibrio. Estaba acostumbrado a mi Pancha, que era como volar en una avispa y ahora estaba aquí, intentado equilibrar la fuerza y el peso de un rinoceronte.

Me asustó un poco la descomunal energía en potencia y lo pendejo que me sentía aparentando control sobre esta bestia, pero  cuando ya rodábamos en confianza, y comprendí que era pega de ella equilibrar la fuerza, recordé que era ella la Maestra.

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Nos deslizamos potentes en el primer paseo de la carretera. Muy dueña de ella misma podrá ser, pero yo tengo su acelerador en la mano y con un suspiro podemos fácilmente convertir a todos en tortugas.

Y a nosotros en un cajón de madera, así que con estas cosas hay que andar con cuidado.

Listo, ya. Vamos entonces a meternos en el corral a ver como andamos en la calle. Así que aprovecho de partir al comercio por víveres, herramientas y balas.

Tu cachay.

Me incomodó caleta la primera luz roja porque es bien paja darse cuenta que es una moto muy grande hasta para sus propios frenos, y aunque frena bien, no frena tanto. Hay que dejar harto lugar adelante para no terminar sentado con los niños del auto del frente o perfectamente instalado con toda la comodidad que puede proveer el estar debajo de una micro.

La cosa es que la chancha no frena tan bien, y en las ciudades se frena harto. Pero todo bien, porque las ciudades son impredecibles, caóticas y locas, así que lo mejor es moverse tranquilo y si alguien está apurado siempre le puedes tirar besos para encabronarlo.

Una moto así genera mucha atención y es un trabajo para el ego moverse por las calles con toda la tormenta de su ruido. Hay admiración en muchas miradas de la gente y es un pequeño trabajo pasear con el Yo Puedo y Tu no.

Pega para la vanidad, el orgullo y la arrogancia.

Agradezco entonces con humildad las abundancias que me da la vida y me diluyo en las calles locas de esta ciudad de poco brillo natural, tan maltratada, prostituida y vergonzosamente planificada.

Pero tan bien ubicada.

De vuelta a la carretera, las curvas de montaña me cierran los ojitos, y con el estanque lleno es muy fácil desafiar un ¿y Por Que No?.

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Será para otro día, hoy hay otro plan.

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