4| La Hamaca

Transpirando como un chancho (aunque los chanchos nos transpiran) me bajé corriendo del barco de pasajeros mas grande del mundo a una ciudad mexicana de la que ya no me acuerdo ni el nombre, en busca de la hamaca que había decidido regalarle a mi vieja para que hiciera lo mismo que hace en su cama, pero entre los árboles y sin la tele, para hacerle un golazo al sistema robándole a uno de sus prisioneros mas fieles. Por supuesto que resultó ser un tremendo paquete, por lo tanto un gigantesco culo moverlo por todas las fronteras que nos separan, para que la vieja no mostrara ningún interés en ella, y terminara instalándola en mi árbol como una corroboración del egoísmo de mi subconsciente, que en el fondo sabía que quitarle al sistema a mi vieja, no solo requeriría una hamaca, sino también un muy buen electroshock y un par de lobotomías.

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