8| Más Allá de la Noche, Mucho Más Allá de la Mañana.

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La oscuridad siente que debe tragarse todas las luces, pero siempre hay fuegos y corazones que les hacen frente. Por eso, todavía se defendía de ella un fuego débil, manteniéndose presente. Me lavé los dientes y me puse mis chalitas, muriéndome de la risa porque iba caminando por el patio para ir a acostarme. Al llegar a la base del árbol, considero lo extraño que parece escalarlo en las sombras, aunque me siento en condiciones de hacer el ascenso con los ojos vendados. Las ramas en las que no se confían ya están todas reconocidas y no las he cortado por puro respeto al amigo Raúl para cuando el tenga ganas de desprenderse de ellas. A pesar de que me sentía muy cabrón por moverme en la oscuridad de las ramas que reconocía por su dimensión, orientación y textura, sabía que en realidad estaba explorando una variante de la locura y en cualquier momento de descuido se me podría acabar el juego, así que subía con una determinación diferente y una agudeza práctica muy especial. Aclimatado así a todas las formas, no me costó nada subirme a La Hamaca, como si toda esta parafernalia fuese muy natural. Ya me habían curtido los vientos de ese mar. El culo serio, fue envolverme con la frazada, porque parece fácil, pero intenta envolverte a ti mismo mientras estás acostado en una cama, sin poder levantarte. Ahora imagínatelo a 8 metros de altura en la oscuridad, sobre una hamaca con bordes poco definidos bamboleándose debajo una rama, que no está tan gruesesita como uno quisiera.

Alternando momentos muy prolongados de sorprendente calma, se levantan poderosas ráfagas de viento que se precipitan como las olas del mar entre las rocas, abalanzándose en busca de todo espacio por donde continuar el flujo, reemplazando el murmullo constante del arena cuando se pule, con el marítimo coro de los inmensos follajes en fricción, desordenándolo todo con alegre armonía, como la danza submarina de las algas marinas.

Capeando vientos en el puerto seguro del lanchón con el que colgaba de una rama y en el firme balanceo que seduce el árbol cuando juega con el viento, me sentí tan profundamente feliz que me proyecté fuera de mi, considerando otro punto de vista acerca dela relación tan especial que existe con La Sociedad y sus Locos.

Complicado dormir ahí. Hay demasiadas cosas a las que ponerle atención: La comodidad no es segura y la seguridad aumenta con la incomodidad. Hay que establecer un equilibrio constante entre los dos parámetros para acomodarse sin mandarse abajo, o quedarse arriba y muy seguro, con toda la espalda chueca y aunque uno está muy bien encomendado al señor y amarrado firmemente al tronco, que paja que durante el mejor de los sueños se te acabe el mundo y terminaste no muerto, pero con un esguince en el hombro de regalo y el comodín de toda la piel pelada.

Poco divertido.

Aunque me costó dormir, la mañana llegó demasiado rápido. Ya estaba despierto cuando empezó la función matutina de las aves, pero esta vez fue un show muy especial porque los músicos se paseaban al lado del público mientras comenzaban a disolverse las sombras que se difuminaban sin Sol con la suavidad de la bruma matutina.

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– Maravillosa su función de canciones chiquillos, pero voy a tomar desayuno y a hacer pichí y podría hacer todo eso desde aquí ¿Pero no le estaré poniendo mucho?

Salir de la hamaca no me costó nada. Extraña esa rara capacidad sobrenatural imprevista. He visto gente atrapada en una hamaca pidiendo auxilio. Me sorprendí de mi mismo por la habilidad, y no se detuvo ahí porque ya de pie en las ramas, una potente sensación de agilidad y confianza inesperada salió de no se donde. Rarito. Todos los sentidos necesarios para la altura estaban afinados. Me imagino que el equilibrio alcanzó niveles sobrehumanos durante su ejercicio nocturno inconsciente. De todas maneras, supongo que en la confianza que uno cree que tiene, puede pensar que está todo perfecto por lo que en un arranque de ridiculez, cuando se baja la guardia, uno puede permitir que la cámara se deslice a 9.8 m/s hasta una posición de reposo, allá muy abajo en el suelo.

Mientras bajaba aún afinado en esa simiesca habilidad felina de adaptación arbórea, mi mente, enfocada en la tarea de encontrar argumentos por los cuales no era tan grave haber perdido mi cámara y establecer planes de acción para hacerme de una nueva, llego por fin muy tranquilo al suelo, a ver que tan grave había sido este cuento, la enciendo y hago click.

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Sonrío.

– Me inundo de humildad, confianza y respeto –

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