Vida para las flores cautivas.

Armado con dos litros de agua a mano, decidí darle amor a las flores que estaban prisioneras en el baño, regalándoles un hermoso chubasco de lluvia suave y repentina que comenzando con la belleza de la ternura, evolucionó en potente tormenta de verano con furiosas explosiones de agua en estampida y sin interrumpir intensidad ni fuerza, les fue entregada la última gota de vida que me quedaba.

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