Mi Maratón.

el

He pasado por tanta cosa loca y aunque me faltan muchas otras por las que todavía no he pasado, hay varias que merecen la pena ser repetidas. Una de ellas es el Vipassana: Un retiro intensivo de meditación de 10 días que me entregó entre muchísimas otras cosas, la experiencia mística mas potente de mi vida.

La cosa es atreverse a intentarlo y ser lo suficientemente disciplinado para poder seguir las reglas porque es un servicio militar complejo y duro. La meditación parte a las 4.30 de la mañana y termina oficialmente a las 9 de la noche, con breves descansos durante el día. Aunque aparentemente es solo para valientes, cualquiera puede hacerlo si toma la decisión de llegar hasta el final y darse a uno mismo la increíble oportunidad de vencerse a si mismo.

En mi primer intento di un jugo cósmico, porque como ocurre con todas mis primeras veces, soy muy poco serio, excesivamente cuestionador y muy exigente quitándole la relevancia que merece.  De todas maneras el universo me regaló la oportunidad de volver a intentarlo y ahora voy en serio: No planeo volver al plano material, sino convertirme en luz en esa sala de meditación disolviendo mi cuerpo en la no existencia.

Mentira, en el plano espiritual no hay mujeres.

Entonces para sacarle el mejor provecho a esta experiencia, decidí entrenarme bien y llevo un régimen super bueno de disciplina para que el choque de enfrentarme a esa rutina salvaje no sea tan brígido.

Así es como todos los días a las 6 am suena una alarma que tengo que apagar al otro lado de la pieza, porque descubrí que si está cerca de mi la apago sin darme cuenta. Entonces la hago corta, me levanto, la apago y durante una hora me siento en el suelo.

Y ahí me quedo en zazen, respirando en “firme determinación”. La firme determinación es no reaccionar ante nada. No se mueven las manos ni se abren los ojos aunque el mundo entero se venga abajo.

Dan ganas que se venga abajo el mundo porque después de un (breve) rato, no quieres estar ahí sentado sin hacer nada. La mente lo que busca es sacarte de ese estado porque no sabe que hacer y ella siempre tiene que estar haciendo cosas o inventando otras. Entonces busca maneras muy curiosas de cagarte la onda para que te levantes.

Fijo que empieza con cosquillitas que te sugieren la imperiosa necesidad de rascarse, pero como la ignoras  cambia de táctica  y se pone mas pesada. Poco tiempo se demora en empezar la pataleta de guagua, y la firme determinación obliga a ignorarla.

La cosquillita se convierte en dolor y el dolor es algo que cuesta manejar. Los minutos se hacen eternos y mientras mas piensas en el tiempo que queda, mas intenso es el dolor. Llega un punto en el que sientes que has pasado eones sentado en el suelo aguantando mierda, y dudas de haber puesto la alarma que te traiga de vuelta, porque ya me pasó una vez y casi me quedo la vida entera en “firme determinación”.

Al principio desistes y mandas todo a la mierda, renunciando a la determinación tan comprometida. Al comprobar el tiempo transcurrido te das cuanta lo basura de tu compromiso porque han pasado 20 minutos y el dolor te come con hambre. Después de algunos días, el dolor continúa igual de intenso pero ya se completan 55 o 57 minutos.

Llega el momento en el que uno decide hacerse cargo del compromiso. ¿Si uno no puede hacerse responsable de una pequeña decisión como esta, como espera poder asumir compromisos monumentalmente mucho mayores? La cosa se simplifica mucho cuando uno comienza a responsabilizarse desde las pequeñas cosas y la actitud mental se convierte en algo completamente diferente. Ahora renuncio al tiempo, deja de ser importante. No importa cuanto rato uno esté sentado en el suelo ignorando los pensamiento que escupe la mente. Esto no se trata de tiempo, se trata de determinación.

Con este cambio de perspectiva, el tiempo ya no es importante y el dolor deja de ser relevante. Da lo mismo cuando suena la alarma, no es importante. Si quisiera puedo quedarme otra hora mas, o dos, o tres.

Pero no quiero.

Esa oportunidad la tendré cuando esté sentado en el suelo con 70 personas mas, si es que siento que me dan ganas de hacerlo.

Lo que uno quiere (o no quiere) es lo importante.

¿Tienes algo para decirme?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s