Across the Universe.

Entré al salón oscuro atravesando unos pilares que le daban sustento a toda la estructura, con la misma configuración de una catedral romana.Todo estaba decorado con motivos psicodélicos muy complejos con un nivel de detalles que rayaba la esquizofrenia iluminando todos los rincones oscuros. Al final del salón, iluminado con neones fluorescentes de todos los colores hay un escenario a ras de suelo. En el, hay un grupo de músicos vestidos con una parafernalia fuera de serie. Todos ellos parecen sacados de la película Across The Universe de los Beatles. Gigantes en zancos, con ropa de todos los colores y figuras de un viaje de lsd, afinaban sus instrumentos. No parecían humanos, todos ellos daban la impresión de haber salido de un sueño shipibo. Cabezas gigantes, figuras geométricas imposibles en todos los diseños de su ropa, fractales en todo lo que vestían. Comenzaron a tocar una melodía suave muy armónica y constante. Me doy cuenta que tengo mi guitarra y empiezo a buscar el tono para sumarme. A mi lado aparece una tipa igual a la Celeste Cid. Les dice a los músicos que es un Re, pero no es un Re, la armonía va con un La. Me sumo entonces y mi sonido equilibra el conjunto. La Celeste se me acerca, me dice que espere, pidiéndome un poco de silencio. Me ubico detrás del primer pilar de la derecha al frente del escenario y apoyado contra la pared, con los pies cruzados me siento en el suelo . Dejo la guitarra a mi lado, intento apoyar la caja, pero se cae hacia el escenario. Queda apoyada en una guitarra hecha solamente de mandalas. La complejidad de su diseño es cautivante. Existe un nivel asombroso de detalles, me cuesta creer que exista un objeto con una precisión tan alta de decoraciones. Mientras la banda toca, comienza el salón a llenarse de gente. Apoyo la caja en el suelo, la abro. Comienzo a sacar una tremenda cantidad de cosas de la caja. No se por qué me da la impresión que es muy normal que exista una cantidad ilimitada de cosas guardadas adentro. El salón está lleno de gente. Soy el primero de la fila, y a mi lado se apretujan dos mujeres. La música sigue ahora muy fuerte. Todo se convierte en un show tremendo: Flacos gigantes con trajes de colores con diseños que evolucionan en distintas formas, bailan entre nosotros, lanzando fuego y luces de colores, desplegando un montón de show de magia imposible. Aparece una plataforma a mi lado con una pantera negra y una leona sobre ella que me miran con una sublime superioridad. Me molesta verlos formando parte de este circo, y digo en voz alta que ellos no pertenecen aquí. Una de las niñas que está a mi lado dice: No vinimos aquí a juzgar ni a comparar, solo vinimos a ser testigos del presente en la pureza de la forma en que se nos muestra. La chica que está a mi lado le contesta que no estoy siendo receptivo, que rechazo el valor de la información que se me entrega. Le respondo con un poco de ironía que ella es una gran maestra. Su amiga luego me contesta que ahora estoy preparado y dispuesto a abrir mi corazón y mi mente sin resistencia ni juicio. La música comienza a sonar muy fuerte, la estridencia es tremenda. Se pierde completa armonía, ahora es todo un caos de tonos y sonidos. Se escuchan gritos de muerte, como una batalla sangrienta. Siento que estoy dentro de la amplificación, es terrible. Me van a estallar los oídos, así que me tapo las orejas, pero solo empeora porque me doy cuenta que la música viene desde adentro de mi mente. Cuando acepto que no tengo control sobre ella, empieza a ser mucho mas manejable y comienza nuevamente la armonía. Uno de mis pies toca con uno de los de la niña que está sentada a mi lado. Hay un movimiento suave que nos conecta al ritmo de la música, que ahora tiene una belleza tremenda. Llevamos un buen rato en la coordinación de ese movimiento constante, como si nuestros pies bailaran juntos, separados de nuestros cuerpos, empujándose con suavidad mientras la música todo lo llena. Cambio el ritmo para comprobar si estamos o no bailando, y ella cambia el ritmo conmigo. Ya no tiene nada que ver con la música de los gigantes psicodélicos del escenario, el movimiento es solo nuestro. Es extraño y cautivante. Me acomodo para ver su cara y ella se acomoda para ver la mía, pero no puedo verla. No hay facciones ni rasgos. Mi mirada se pierde en la suya. Es una profundidad sin limites, como si me tragara el abismo que existe dentro de sus ojos. Todo se disuelve en su mirada, no existe nada. Solo un vacío eterno y una profundidad sin nombre, sin cuerpo, sin nada a lo que uno pueda agarrarse. Me parece lo mas natural del mundo, no me cabe ninguna ninguna duda. Me dejo caer. Nuestros pies siguen moviéndose juntos.

Despierto.

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