A conocer el mundo.

Cuando el amor es grande, las barreras son pequeñas y debido a que aún no se que será de mi vida y francamente poco importa porque puede acabarse mañana, hoy tengo un almita que me apaña y donde sea que vaya, me acompaña. Por eso estando ella aún tan joven, le voy enseñando de a poco el mundo, para que no sea sorpresa si nos toca recorrerlo juntos. 

De a poquito la voy acostumbrando a mi vida, como de a poquito ella me va acostumbrando a la suya. Le propuse una vuelta urbana y se acostó en el suelito con sus tremendas orejas triangulares bien levantadas. Traje el cordín que ya asocia con salidas ricas, y se vino a acostar a mi lado para que le haga los nudos que implican aventuras bonitas.

El único problema es que todavía no le gusta subirse a los autos. Quizá que cosas se imagina cuando toca una salida tan ciega, con un destino tan impredecible. ¿A quien puede gustarle una situación como esa?

Pero toca.

En brazos la subí al auto, y me quedé con ella regaloneando sus orejas mientras apoyaba su carita en mi hombro entregada al cariño que recibía. Listo, vamos, se cierra la puerta, partimos.

Animal de bosque al bosque, a encontrar confianza. Así que partimos al cerro Ñielol a ver si había forma de que nos dieran la pasada. Nos estacionamos en la entrada y se bajó de un salto, un poco tensa y con su nariz bien loca, tratando de entender adonde estaba.

Habían muchos autos estacionados en fila y mucha mas gente aglomerada en la réplica del edificio que levantaron en Milán. Fue muy curioso verlo armado acá después de haberlo visitado en Italia y muy raro verlo sin un enjambre de gente de todo el mundo haciendo fila para visitar Chile.

La Foxy se desenvolvió con envidiable soltura saludando amistosa a toda la gente y me encantó ver como la gente la recibía, llamándola para hacerle cariño. Me sentí tan a gusto con ella y ella tan a gusto con todos, que le solté el cordel y ella se dedicó a hacer sus propias amistades. Hizo su primer amigo Kiltro, que no le dio ni bola después de tres olfateadas debajo de la cola.

Camine por el recinto mientras ella lo exploraba todo. Por supuesto que nos prohibieron la entrada al cerro pero no importaba. Le puse el lazo de nuevo, porque nos iríamos a pasear por las calles a ver que tal andaba entre la gente, los autos, las bicicletas, los niños, la basura tirada, los postes, los perritos amigos, los perritos enfermos, los perritos guardianes, las palomas, los semáforos, la vida misma en la calle.

Caminamos por Pratt con las calles domingueras vacías. No estoy acostumbrado a caminar con tanta paz con un perrito, porque generalmente van tirando como locos y todo se convierte en un ejercicio de dominación y fuerza. Con la Foxy nada que ver.

En una de las plazas, nos metimos a una feria con un montón de gente solo para ver como se portaba y me encantó verla. Cada día me enamoro mas de ella y su carácter inteligente y tranquilo, su forma relajada y su soltura para hacer todas las cosas. Me senté en un banquito y solté el lazo para ver que hacía, y se dedicó a olerlo todo con tranquilidad, saludando gente, perros y niños.

Solo tenía que hablarle para que viniera.

Caminamos a la plaza de armas y para que jugara con las palomas, le solté su lacito y encontré ridículo atarla de nuevo. Que fuera a verlo todo, a jugar con los demás, a hacer amigos perros, amigos niños y amigos abuelos que le daban comida por allá lejos mientras la miraba.

Nos acostamos en el pasto y nos llenamos de perritos amigos que se quedaron con nosotros recibiendo cariño, intercambiando pulgas y olores de poto.

¿Vamos? Vamos.

Tenemos una conexión tan linda, que nos entendemos perfectamente. Ella ya sabe por cual esquina vamos a doblar. No tiene como saber, pero va delante mío marcando el camino, guiando. Fuimos a ver al Poro a su hostal, y mientras conversábamos de la vida, ella se durmió debajo del escritorio sin hacer ningún ruido.

Es una compañera perfecta.

Las calles estaban bien vacías, así que quise probar como sería andar con ella sin lazo por la vida. Soy tan consciente como ella que nos exponemos a los accidentes, pero esa misma consciencia nos previene y nos cuida, porque ella al ser tuertita, ve solo la mitad y va super atenta a mi, a la calle, a los sonidos y a todo.

Llegamos a los pies del cerro, felices. Sin ningún incidente. Me encantó la gente que se diera el tiempo de llamarla para hacerle cariño, aunque también putié a un viejo de mierda que la amenazó con un palo para que no se le acerque. Ella nunca se dio por enterada, no puede ver maldad en la gente.

Cuando abrí la puerta del auto, se acostó en el suelo con sus orejitas abajo para que la tomara en brazos.

Que compañera me vine a encontrar en el camino…

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