Vipassana

Siendo las cuatro de la mañana con 40 putos minutos, declaro que nunca había preparado un viaje tan largo en tan poco tiempo, ni llevado tan pocas cosas para todo ese rato. Pienso en qué mas echar y no se me ocurre que pueda faltar. Ya, un regalo ¿Que mas? Otro. Se me hincha el cráneo pensando en que mas puedo llevar y no encuentro nada que fuera necesario. Siento que es hasta preocupante. Es cierto que llevo dos mochilas, pero ninguna de las dos lleva gran cosa. Incluso la grande lleva una frazada adentro, una almohada y un matt de yoga. La Mochila chica la llevo porque en alguna parte tengo que echar un cuaderno o una botella de agua, pero no llevo nada mas. Por otra parte me encanta. La naturaleza de este viaje me encanta. Todo tiene su explicación: estaré 10 días viviendo en piloto automático en una comunidad desconectado de todo y de todos. Esos diez días no cuentan en el equipaje. Ese es un paréntesis ASÍ de grande. No andaré en pelota pero la ropa no será relevante, caminaré menos de 100 metros diarios, estaré todo ese tiempo en silencio y aunque seremos una fabulosa muchedumbre de gente ensimismada, no habrá contacto de ningún tipo con nadie. Nada de palabras, contacto físico o visual, notas, teléfono ni señales de humo. Es una locura, hermosa pero una locura ¿para qué chucha voy a pensar en las combinaciones de ropa? En ninguna otra circunstancia de la vida he tenido la oportunidad de estar preocupado de nada mas que lo esencial, no tienes que pensar en nada. Esa es la gracia, tu mente no necesita utilizarse en absolutamente nada. Por supuesto que estarás sentado en el suelo meditando como un Buda por una cantidad absurda de horas diarias sin moverte, ni rascarte, ni espantarte la mosca que te camina por la cara sólo para jorobarte porque es una mosca acostumbrada a “la gente sentada que no la espanta”. Feliz sea la mosca junto con la pulguita o el zancudo que te pique porque no reaccionarás ante nada. Y si en un terremoto comienza a caerse el techo, seguramente estarás experimentando un estado en el que si se cae el techo sobre ti, es algo vanal y completamente irrelevante. Tan irrelevante como la mosquita de mierda que te camina por el ojo, el zancudo que te pica en la frente o la pulguita que te pica en el hoyo. ¿Que importancia puede tener el equipaje? Gracias al cielo que esto ya lo hice una vez y en precarias condiciones porque se me invitó de un día para otro y tuve que improvisarlo todo a la velocidad del rayo y con lo que tuviera a mano para salvar el paso. Ahora mijo, me doy el gusto de viajar en “Modo Esencial”, pero no pienses mal que es muy diferente al ” Modo Chancho de Mierda” porque baso mi viaje según un concepto inteligente ya puesto a prueba y certificado por mi mismo según las necesidades pasadas. Así es entonces como llevo equipaje para los días que estaré “fuera del paréntesis” en lo que serán las aventuras que me esperan en la capital. Eso, siempre y cuando no se me caiga el techo encima cuando me esté picando la pulga durante el terremoto, o que alguna de esas aventuras improvisadas me lleve por el mal (buen) camino y me aleje del buen (buen) camino de la espiritualidá, sus interminables días de silencio, su piloto automático, sus moscas, sus zancudos, sus pulgas y su fabuloso techo.

“El destino se crea en cada paso”

– Dijo la pulga mientras se acercaba a mi ano.

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