Gracias.

El paisaje es un cuento diferente, es Rohan, la tierra de los caballos: un semidesierto medio árido con vegetación agreste y dura acostumbrada al extremo frío, el extremo calor, la sequía y la nieve. Las montañas secas se extienden levantando el horizonte en todas sus direcciones. Es hermoso y el lugar perfecto para poner a prueba a la gente dura, o endurecer a la que aún es demasiado blanda. He hecho las ultimas llamadas de despedida a quienes viven en mi, espero a las que no pueden ser alcanzadas y me resisto a quien quiero/no quiero alcanzar. Me invade un poco la nostalgia en considerar la cantidad de agua que pasará bajo este puente mientras yo no me encuentre aquí, las cosas que no viviré, personas de las que no sabré. En este momento, quizá porque las dejo, toman tanta importancia. Es curioso que tome tanta relevancia algo cuando lo abandonas. El paisaje me cautiva, no recordaba haber visto tanta belleza. Durante los próximos días veré el sol emerger sobre estas mismas montañas conservando una plataforma celeste aún estrellada. Me siento lleno de paz y decisión, plenitud y vida. Me siento feliz y privilegiado por las abundancias que se ponen en mi camino. Gracias universo, gracias vida, gracias padre y madre, cielo y tierra, luz y sombra. Gracias, gracias, gracias.

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