Divina impermanencia.

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El carácter cíclico de la vida se expresa en todo. En todo lo que cambia, y todo cambia. Todo es un cambio constante, no hay nada que se mantenga inalterado y eso da origen a los estados, que no son mas que las formas en la que se encuentran las cosas en un momento determinado. Todos los estados son necesarios, porque la existencia misma se construye en base a sus opuestos.

La existencia y la nada, la luz y la oscuridad, la materia y la energía, el frío y el calor, la vida y la muerte, solido, liquido, gaseoso.

Impermanente.

Todo es un cambio que va y que viene, que viene y que va. Nos aferramos a algunos que son bonitos y nos arrancamos de los que no lo son tanto, pero esos cambios definen todo. Nos dan la objetividad necesaria para definir las distintas cosas que se nos van presentando y podemos hacerlo porque contamos con la capacidad de análisis para notarlo a través de la intelectualidad, que a fin de cuentas nos sirve solo para clasificar las distintas diferencias.

Ya que estamos en esto, definamos las diferencias y notemos los cambios y pongamos etiquetas y metamos todo en cajas. Inventemos nombres nuevos para las cosas nuevas, y agreguemos juicios para las buenas, o las malas según como sean nuestros pequeños puntos de vista. Pero no nos enredemos tanto, disfrutemos nuestra capacidad para definir nuestro entorno, sin apropiarnos de el, aceptando que vamos todos en bote rumbo al mar, sin mas control que nuestra capacidad de disfrutarlo cuando las cosas van bien o de prepararnos cuando las señales nos cuentan que nos va a tocar afirmarnos.

No hay forma en que todo esté bien todo el tiempo, como tampoco es posible que tengamos que defendernos constantemente de todo. También podemos entregarnos a la infinita dicha de la contemplación de las cosas en su forma real, si aprendemos a no modificarlas con nuestros pensamientos.  Aprendamos a no identificarnos con las situaciones que vivimos. Son solo eso, situaciones temporales que vivimos.

Como la gota de agua que fluye veloz río abajo, horadando la roca, llevando la vida adonde sea que vaya, no se cuestiona su existencia de gas. Ella es gota y va viajando hacia el mar. No importa lo que pase, nada puede interferir con su destino.

Volverá a ser gas.

Y gota.

Y gas.

Y gota.

Y gas…

Y gota…

 

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