Testigo

el

Encontrar por accidente, durante la contemplación de una tormenta nocturna, la belleza y perfección de cómo sus gotas rabiosas bañan con graciosa simpleza una luz solitaria. Convertirme así, en prisionero del presente, sin emitir sonido ni movimiento alguno, que interfiera o altere de alguna pequeña y anónima manera, este sublime momento de magia.

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