¿Ser lo que detestas?

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Hace varias cuadras que venía con la gracia de la libertad que entrega el exceso de confianza en la habilidad con la bicicleta. Con bravura y osadía me escurría ágil y veloz entre los vericuetos existentes a mi paso, oscilando con gracia entre el poco espacio disponible.

Y sin manos.

En eso, una mujer con una guagua en brazos se me viene encima sin verme. Y no la culpo. No tiene por qué saber que un tarado demente avanza por la vereda en una bicicleta grande.

No hay drama, todo bien, todavía sin manos, me bajo a la calle. Hay una micro detenida con intenciones de avanzar, pero no la pesco porque es una gorda lenta que molesta y como le corto un poco el paso. Fue medio segundo de interrupción en su mórbida partida en primera.

Medio segundo fue cosa seria para el mórbido de su conductor, porque tocó su bocina como si le hubiera amenazado a su familia, pero no podía hacer mucho mas que eso. Lo miré con una sonrisa para que se relaje por tarado, pero lo ignoré por completo. Seguí mi camino suavemente por la calle.

Partió la micro detrás de mi y mientras avanzaba se puso a mi lado. Me pareció raro que bajara tanto su velocidad, pero cuando llegamos a una curva, muy despacio se me vino encima para apretarme contra la barrera de la calle. Tuve que reaccionar medio asustado porque si no lo hago me muele contra la reja.

Lo vi mirándome por su espejo. No fue un accidente. El sabía que yo estaba ahí. Un sentimiento de odio me nació de no se donde, y me dieron ganas de subirme en la siguiente parada para a sacarle la chucha.

Sorprendido por la violencia de mi pensamiento, mi verdadera voz se hizo cargo y me dijo:

“Serás lo que detestas”.

Doscientos metros mas allá se detuvo esa gorda enferma para recoger a algún pasajero. Me fui por el lado izquierdo para verlo bien. El chofer me estaba esperando también, porque lo vi inclinado hacia su ventana para mirarme. Adelantándolo giro hacia atrás como arquero persa y le lanzo un beso bien apasionado con la mano.

Giro hacia adelante de nuevo, porque no me quería sacar la chucha yo mismo con alguien mas que estuviera al frente y me desaparecí entre los autos que estaban atorados en un taco. Lo único que escuché fue la bocina de la gorda que dejaba allá atrás atascada en su propia caca.

Dos calles mas allá la volví a ver detrás mío. Se me vino encima. Sabía que la gorda tenía que doblar en la calle que seguía. No podía seguir avanzando a menos que el insulto hubiese sido demasiado grande y decidiera salirse de su recorrido para pasarme por arriba.

Tenía dos opciones: O enamorado perdidamente de mi detenía su micro abandonándolo todo para besarme, o se atragantaba en su mierda, tragándose la rabia que rumiaba por tarado y por infeliz.

A ver que pasa…

Aproveché su limitación espacial y le mandé otro beso hacia atrás y con mas ganas, mientras lo miraba girar por su calle enmierdado hasta su madre, su abuelita, y todas las personas bellas que alguna vez estuvieron en su familia y a las que el ignoró para convertirse en esa mierda fea que descarga su frustración y rabia en alguien que a pesar de todo, igual lo trata con amor.

A pesar de todo.

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