1 . Una Insensata meditación matutina

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Esto de la meditación es un tema do-re-cojonudo-mi-fa-sol de llevar a cabo porque la mayor parte del tiempo se percibe como la Guerra Contra las Dos Mil Incomodidades Que No Te Permiten Dejar de Pensar. La eterna pelea. Y recurriendo a la más honesta de las verdades ¿Quién quiere pelear cuando se busca paz?. No me digas que el Guerrero de la Luz, maldito Coelho.

Mientras va pasando la hora helo uno ahí pegado en un loop infinito, dándole vuelta a un pensamiento o a mil. Todo un drama. Pero la realidad de esto es que la técnica consiste justamente en dejar de pelear y soltar el enfrentamiento dejando sencillamente  de ponerle atención. Suena fácil, pero para mí son palabras mayores.

Salvo hoy.

Claro, sonó el despertador y fue como una jeringa llena de plutonio en el ojo. De un salto al suelo, a la manta, al temporizador y a la alarma. Silencio en el cuerpo, silencio en la mente, silencio en el alma, silencio en la casa. Claro que son las 6 de la mañana. El único ruido es la lechuza de afuera que canta. A falta de gallo es ella quien anuncia la mañana. Bella la lechuza, bella. Tan bella como irrelevante. Al ser, ya fue. No hay más, ni siquiera el recuerdo. No hay agitación de ningún tipo, es un estado de completo dominio, como cuando uno se sienta a hacer caca: No existen las preocupaciones.

La hora pasó sin resistencia, lo que es sorprendentemente raro, porque es normal que a los 15 minutos empiecen a molestar los dolores de piernas, del corazón, del alma. Nunca llegaron, como tampoco llegaron las ordenes de la mente suplicándome implorantes buscar hacer algo diferente. Cualquier cosa con tal de darle algún significado a lo existente.

La mente puede compararse muy bien con una guagua, y es muy difícil ignorar una guagua gritona. Sobretodo cuando la guagua es ajena y viaja contigo en el bus a las 3 de la mañana. Ahora si la guagua es tuya, ignorarla también puede transformarse en citación al tribunal de menores. Esa es la ventaja de que la mente sea mente y no una guagua. Uno puede decirle “Grita todo lo que quieras que yo de aquí no me muevo” y nadie te cita después a declarar.

Inconvenientes convenientes de la meditación rutinaria.

Hoy, fue un niño bien portado. Sin molestias, ni pataletas, ni dolores, ni distracciones, perfecta. Con la libertad de la atención completamente disponible y afinada en la imaginación, me dejé llevar en una visualización mientras percibía como colorestodo el movimiento de energía del universo que me inundaba en una ola dorada abarcando todo mi recipiente vacío. Todas las partes de mi cuerpo se iluminaban en el juego visual que yo me inventaba y una sensación de espuma eléctrica me entregaba inacabables percepciones de voltaje infinito.

– Este será un día perfecto –

Sonó la alarma.

Abrí los ojos.

Me levanté.

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