14. Las famosas lentejas

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Estaba preparando un pollo para el almuerzo cuando se me ocurre que faltaba algo. Tomo el auto adquiero esa carencia y vuelvo a la casa. Me encuentro con la Foxy echada al sol, extrañamente dichosa de satisfacción psicodélica, y la bolsa del pollo entero botada, inerte. A su lado.

Sin pollo.

– Cagaste con la casa, por bruta –

En su lógica salvaje debió haber pensado

“¿Qué problema podría haber en realizar un ejercicio olímpico para hacer un salto imposible y meterse por la ventana del baño con la misión de comerse TODOS los huevos de chocolate del sobrino?”

Y lo consiguió.

DOS VECES.

Se comió hasta los huevos de repuesto.

Anduvo un tiempo cagando mojones metálicos, pero no se murió. A mi ese evento me causó sorpresa y un poco de gracia. Primero porque no eran mis chocolates, y segundo porque recién venía llegando de la magia hiperconectada de una bajada de montaña. Pero cuando la vi ahí, revolcándose de sodomizado goce por mi pollo, solo un pensamiento se clavó en mi mente:

– Cagaste con la casa, por bruta –

Bastó eso para que no volviera a intentarlo más. Fue suficiente, ella entendió. Asumió su falta. Pero al pasar largos meses de este antiguo y prácticamente olvidado incidente, las reglas han comenzado a aflojarse un poco. Empezó estirando una pata dentro de la puerta, luego acompañándome a hacer el fuego, metiéndose disimulada a la cocina entremedio de mis piernas y así, sin darme cuenta, termina aquí echada al lado mío mientras escribo.

Que zorrito mas grande.

La Foxy ha tenido que pasar por varios conflictos de independencia, incluso ahora que vive con nosotros. Las gordas de la casa, son milicas y se mueren de felices cuando el oficial a cargo les da medalla por la Misión Cumplida. Pero la Foxy no, ella es otro tipo de amor. El amor de ella es el de compartir, el aceptar y agradecer. Compartir, aceptar y agradecer. Ese es su amor y la comida es su motor. Por eso disfruta tanto estar con nosotros, y por eso me sigue por toda la casa, aunque me tiene bien estudiado porque ni siquiera levanta las orejas cuando sabe que voy a ir a hacer caca.

Como un medio para intentar tener algún tipo de comunicación con la Cuqui, se me ocurrió la actividad de compartir con ella la cocina, para que me enseñe a preparar parte de esas delicias que ella se saca de repente cuando hay algún tipo de reunión importante.

Me invitó a preparar unas lentejas y yo con el contrabando aquí conmigo.

– Cresta, lentejas… y yo de ilegal con un polizón escondido dentro de mi falda. Seré descubierto!

El general ha llamado, el sargento debe obedecer la orden y el “contrabando” obedecerá con el.

Por eso la atmosfera de amor y compartir conocimiento y comida se fue a la mierda cuando el General, a cargo de la cocina, observó enajenada, la triunfal entrada del contrabando. Explotó por supuesto en una intermitente oleada de basura contenida, y espero que le haya hecho bien, pero se fue a la mierda la cocina.

Solo cuando me di cuenta lo que estaba haciendo, caché que estaba cocinando sin amor y eso me pareció absurdo. Junto con la sal, la cebolla, el ajo, la avenita y el zapallo, le puse caleta de amor.

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Las lentejas quedaron perfectas.

– La Foxy también comió –

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