16. Epílogo.

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Me tomó 19 días escribir esta historia. No es que le haya dedicado poco tiempo, quizá el tiempo se hizo poco. “El tiempo es relativo” me dice con su lengua afuera el chasconcito. Mi intención era terminar este relato el mismo día pero me fui de viaje con el propósito de escribir y para no perder la costumbre, como resultaría obvio, todo terminó por salirse de control. Luego intenté cumplir la tarea antes de cambiarme de casa.

Ya ves como me fue.

Estas dos semanas resultaron ser sorprendentemente ajetreadas. Mi mundo interno estuvo completamente rewervido. Soñaba despierto con la experiencia imaginaria de poder vivir en una ciudad con la Foxy.

Hace unos días por fin nos cambiamos. Ebrios, a las 2 de la mañana y con tres grados bajo cero, hicimos la mudanza. Considerando que viviríamos juntos codo a codo y considerando también su aroma nuclear, fue una importante muestra de sabiduría bañarla antes de partir. Y con el privilegio del baño y la ventaja del último día, se quedó toda la tarde con nosotros dentro de la casa para evitarnos aquella peculiar costumbre canina de revolcarse en la exquisitez de la caca, para quitarse encima esa intolerable fragancia de flores.

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– ¿Que significa “bañarse”?

Disfrutamos así su peluda compañía doméstica como nunca. Fue elogiada por su perfecto código de etiqueta y su prodigioso comportamiento de(bajo de) mesa, que mientras nos encumbrábamos mostos, fermentos y destilados, ella asimilaba su existencia desde el Universo del Mundo de los Zapatos.

Llegó la hora de la partida, agarré lo que pude y lo que no, para otro verano. Nos transportamos al nuevo hogar. La totalidad de la tierra estaba cubierta de hielo a esas inacostumbradas horas de dios. – tres grados pueden ser cosa poco divertida si uno no se encuentra bien preparado. Llegamos a la casa, las llaves funcionaron todas lo que fue muy bueno… ya estábamos dentro.

Pongo su camita en el suelo, ella se instala inmediatamente y me mira con sus orejas levantadas.

 – Comienza el rayado de cancha –

Pichis y cacas afuera. Vamos a establecer una rutina de salidas a la plaza para que no tenga excusa de decir que no se pudo aguantar. Sillones y camas, off the limits. No way, de ninguna jodida manera.

Con tal de no perder el privilegio de la Vida de Hogar, se resistió como pudo para no salir de la casa, así que alguna caca y pichí tendrá que tener ¿Cómo tan atómica? Tocaba la primera salida.

Ya habíamos pasado por una fase de entrenamiento con correa para que no se sorprendiera tanto, ni ofreciera pelea al tener que trasladarse con la libertad limitada que la obliga la extensión del lazo. El entorno urbano es complejo e impredecible, deben descartarse todos los riesgos innecesarios. Lo bueno es le costó solo un intento aceptar la correa. Bien hecho el trabajo de asociarlo a Aventuras Entretenidas, ella terminó por alegrarse de verlo en mi mano.

Como ahora, que la delata su colita feliz.

Había un tipo en una bicicleta escribiendo un mensaje con su teléfono afuera de la casa. La Foxy le gruñó amenazante. Me sorprendí, nunca la vi tan guardiana. El tipo se fue. Cruzamos la calle, y le solté su lazo.

“Libertad!!”

Siguió uno o mil rastros novedosos e interesantísimos, guardando todas esas fragancias en su biblioteca de aromas. Luego, encontró uno particularmente llamativo, se agachó lo justo, y tate que empieza a fluir el Río Amarillo. Avanzó un par de metros más allá y gloriosa se puso a fabricar un buen mojón. Hizo el clásico movimiento de patas en la escarcha y fue todo. “Estamos listos” me dijo, y solita emprendió el rumbo a la casa como si llevásemos haciendo esto por años.

A dormir

Instalé su camita al lado de la mía, y sin sobresaltos ni inquietudes, nos dormimos los dos.

Con el ajetreo de la mudanza se me olvidó traerle su comida, así que cuando despertamos, partimos a buscar. No me quedó otra que comprarle comida pituca y no le gustó. Acostumbrada a la “Comida del Pueblo”, no le pareció grato enfrentarse a esta clase de finezas y tuve que mezclar aquel manjar con leche para que la perla decidiera alimentarse.

 

 

La versatilidad es una virtud.

Se nos pasaron los días organizando, conociendo, recorriendo, acostumbrándonos, y descansando acostaditos en la alfombra, mientras nos bañaba la deslumbrante potencia de la lluvia sobre este tejado feliz.

 

 

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