7 . Tráigame al Gerente

el

Google me dice que hay una oficina, así que fui a la dirección. Cuando llegué, me persigné, santifiqué, tiré la herradura pa atrás, la sal, el santito, el amuleto y la medallita de la Santa Merced de los Desamparados Leprosos con el Mal del Tufo. Me bajé del auto y camino. Era una residencia cualquiera, me costó encontrarla. No tenía número, letrero, cartel, anuncio, ni nada.

Nada, de nada.

Esta gente de veras necesita un asesor de imagen.

Sin estar muy seguro si era el lugar, me decidí a golpear la puerta para cachar que onda. La señorita que abre no abre y me habla detrás de la rendija como si viniese saliendo de la ducha. Se nota que no están muy acostumbrados a las visitas.

Trato de mirar para adentro a ver si la niña está o no envuelta en una toalla. “¿Es ésta la oficina?” “¿Si?” Que bueno, le achunté a la casa. Le pregunto por el dueño.

– El dueño no está en el país.

Trata de cerrar la puerta.

¿Cómo explicarle que me levanté con la decisión de tener una reunión con ellos aunque eso signifique mostrarle la presentación a la Tía Berta mientras termina de lavar las ventanas a ver si le gusta la idea y se la recomienda al jefe?

Yo voy a entrar

“¿Hay alguien mas con quien pueda hablar?”

– También está el gerente…

Levantando el índice hacia el cielo y dibujando un círculo en el aire con el, le digo lleno de gusto:

“- Tráigame al gerente!”

Y me abrió la puerta.

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