Con la ducha no se juega.

Como había un complejo y riguroso plan trazado donde el primer paso decía: “Vamos viendo como se dan las cosas” no me levanté a la hora que sonó la alarma. Ni a la media hora después. No es de flojo, lo intenté. Solo que no estaba preparado para morir congelado este bello lunes que tenía por delante. La lengua de la Foxy apareció a las 7, con esas ganas babosas de conocer el mundo. Apacigüé esa lengua loca como pude y me parapeté con audacia debajo de la trinchera de plumas.

Este incidente ocurrió tres veces. 

Eso hasta que mientras guerreaba con la lengua de la Foxy, vi su sombra dibujada en la anaranjada pared y comprendí que finalmente había una fuente de calor que me permitiese salir.

Anicca!

Chum pa fuera! Clavadista Olímpico de 9 medallas de oro, dentro de la ropa. Lo primero y lo mas importante, era cumplir con la Misión Pichí. Mira que hay aquí una señorita que lleva la noche entera preguntándose la razón del por qué debería aguantarse sus cacas y no disponer libremente de ellas como tan convincentemente le dictan aquellos aromas en la alfombra.

Pasamos por el area “de todos” y detrás de su colita que centellea feliz, me surge una revelación funesta: “Estúpido, ¿por qué dejaste la cámara en el suelo?. La Foxy te hizo un regalo cortando la correa en dos!”.

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No me enojé, solo me sentí estúpido. Por lo menos hasta que vi que también había comido parte de mi saco, mi mat de yoga y mi bolsito.

Foxy, que significa esto!

Agazapada detrás de su cola, la tarada me miraba aguantando vergonzosa risa: “Te fui a buscar tres veces para que jugaras a morder cosas conmigo!”

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– Por la integridad de la alfombra, por la reina y por dios!

El enojo me duró harto rato, pero como el día sería perfecto, las cosas pencas igual encajan en la perfección. Como todavía estaba pendiente la misión caca, con grito de guerra salim saltamos a la calle. Yo mas que ella, que ella no hace gritos de guerra.

El puto planeta estaba completamente congelado. Respirando nitrógeno líquido aprovechaba de congelarme también para no desentonar con el universo visible.

Si, #estamosclaros, el día es perfecto… No hay problema, que rico! Está para cagarse de frío, mira… no siento mis dedos, yupi!

A la Foxy no le importa nada, no le importa la calle, no le importa el barro, el hielo, nada. Solo le importa jugar con los amigos y todos son los amigos. Ya en la plaza, después de 3 pichís, dos cacas, y un circo canino, los amigos están raja y nadie quiere moverse más.

A la casa.

Seguimos con el plan de preparar algo rico. No se espera visita pero es bienvenida. Y mejor manos a la obra porque si llega visita, cagamos.

Rockeando verduritas, las preparaba dándoles las gracias por permitirme vivir. La Foxy me acompañaba con la férrea esperanza de deleitarse con alguno de esos bocados divinos que a veces le llegan en los momentos mas inesperados. Mantiene imperturbable la fe incluso después de haberlos probado todos.

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Que maestros que son los perritos.

Estábamos listos para empezar con la fase I. Cuando tuve la olla lista, sin dar ningún jugo místico, le pedí permiso al fuego: “Vamos no más mi chiquillo”, me contestó. Le di las gracias, on fire, y empezamos, non stop. Mira que no nos puede volver a ocurrir aquel vergonzoso incidente de los arroces. Ahora todo perfect, vamos, todo bien. Si estoy bailando está todo bien. ¿Estoy bailando?

Si!

Va todo bien.

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La idea consiste mas o menos en dejar preparando el caldo mientras hago todas las otras weas y cuando termine todo, me voy a duchar. En la plenitud fina me pongo a cocinar.

Ya, hasta ahora vamos bien. Ninguna pocas desgracias, y todo perfect. O sea no tanto, mas o menos.

Noup, no es perfect. Me faltaron cosas.

Ya pero no importa, sigue todo perfect. Vamos. Bien. Después de mi cabaco voy a comprar, pero me queda el último papel y se encuentra en el medio vivir. …Si le busco bien el lado, la puedo hacer.

Lo armo, le busco el lado, la cago. No hay papel.

¿Que onda hoy que fallan tantas cosas?

Bueno, a comprar. Buscando mi billetera aparece papel, así que retrocedimos la misión, armamos el pucho y después de pegarle dos pitiadas, no tenía ganas de fumar.

El pitiado soy yo.

Hago un poco de trampa para que la Foxy no se de cuenta que está encerrada en la terraza, porque como está el día, no estoy ni ahí con seguir comprando persianas para reemplazar las que rompió.

Salgo.

Pongo en la bolsita todo lo que no necesito y para la casa. Entro. Concha, pico. Traje todas estas weas y no traje los champiñones. Ya, filo. Me ducho y voy a comprar, otra vez.

Por fin al agüita.

Busco el enchufe de mi parlante para llevármelo al baño y lo encuentro malogrado. El análisis forense dice que son dientecitos de perro. Pensando en esconder el universo para que se salve de sus molares, con una mirada rápida pero muy nerviosa barro el lugar. Parece que ahora si hay paz en el frente, no hay mas víctimas que lamentar.

Por ahora.

Cabreado por mi música parto a la ducha y con la valentía del cobarde me empeloto para meterme debajo de la ducha. Los primeros segundos son un martirio porque el agua duele. Pero ya van varios segundos de retraso, y el tiempo reglamentario para la llegada del agua caliente ya se cumplió.

Me estay hueviando.

Cagó el Calefont

Como una rata miserable que ha sido condenada por el desamparo de la lluvia, envolviendo mis vergüenzas con una toalla voy a la terraza – donde vive el Señor Calefont – y tratar de entender cual chucha es la maña que le dio. Por mi calle, un desfile de apoderados trimestrales se regocija burlesco frente a esta indigna aparición.

A la mierda todo.

Menos el Calefont, que me quiero duchar. De todas maneras no hay caso, le hice de todo. Solo me faltó cantarle.

Me costó rendir la ducha.

Ese fue un exceso en la mala onda. Con la ducha no se juega. Rehenes, niños, todo eso está bien, se nota que todos ya lo aceptaron. Pero la ducha en un hermoso día de siberia no puede ser un tema.

– Champiñones de mierda -dijo el cocinero espiritual- ojalá que no llegue visita!

Suficiente, hay que poner orden. La mala onda no me puede ganar. A ver, que chucha, qué está apretado? Se suelta. Esto otro mira como está, todo duro. Se suelta también. A ver, que más? Y así. Pero rapidito sin supervisión, se empiezan a volver a apretar los incorregibles. Ya pue, como es la cosa? A respirar, que la respiración es el único camino. Así es como se suelta todo.

Desde el vacío aparece nuevamente el propósito.

Cocinar con amor.

Al salir a buscar los champiñones abro la puerta y en la vereda del frente está el cartero en su bicicleta esperando cruzar. La mirada de indiferencia que me dio, me hizo sorprenderme el poder vivir una emoción como esa en tiempos como estos.

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Se acabaron todos los inconvenientes, aunque hayan mas. A la hora del pico, pero con todos los ingredientes listos, la cocina perfecta y todos los materiales dispuestos, pedí permiso y agradecí.

Ahora se puede cocinar.

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