Comunicación animal

Con el constante movimiento del pedal, la noche había dejado de estar tan helada. La filosa brisa que se oponía a mi avance solo podía hacer pequeños estragos en la superficie de mi cara descubierta, pero el resto de mi cuerpo permanecía en un estado de permanente efervescencia. Quedaba aún un kilómetro para llegar a la casa. Quería ver a la Foxy, darle el cariño que no le he dado, dedicarle el tiempo que le prometí.

Foxy, ven. Espérame en el portón.

Me dio risa la posibilidad concreta de que pudiera comunicarme con ella a larga distancia con solo el pensamiento, pero ya llevamos un buen historial de experiencias que lo confirman.

Foxy, ven.

Sin tanta risa y ya con más expectación, me voy acercando al portón soñando con la posibilidad de que pudiera haberme escuchado. Hago el último giro, y ahí estaba ella sentada a la mitad del camino frente al portón, moviendo frenética solo la punta de su colita de zorro.

Se me apretaron los ojos de puro amor.

Abro el portón y el universo se transforma en una lengua. A su lengua se sumó la de la Chonchi que salió con ella. Listo, nos fuimos al campo. Aún no amanecía pero ya se observaba la fragilidad de la noche en el santo manto que la cubre para regalarnos las estrellas. Alertas y vigilantes, avanzamos por los caminos sin llamar la atención, porque nunca es sabio romper el silencio de la noche sin una buena razón. Otros perros nos detectaron y dieron la alarma. Esa es su misión, ser centinelas y protectores de sus manadas, es lógico que reaccionen si aparece otra en la mitad de la noche. Poco duró el estado de alerta: sumergidos en pasiones mas elevadas, íbamos clasificando aromas, identificando a sus dueños y analizando sus direcciones.

No somos una amenaza para nadie.

Solo los treiles entraron en formación de combate cuando nos desplazamos por la pradera y el espacio aéreo se llenó de audaces pilotos de guerra dispuestos a convertirse en valientes Kamikazes contra el perro que rompió la calma en su inquebrantable esperanza de poder, algún día quizás, atrapar un ave.

Al volver a casa, saciada el alma de aventuras emocionantes y entretenidas, voy preparando la camita de la Foxy en la pieza de la caldera, que es la mejor opción para ella. Se que lo daría todo por estar adentro, pero una absurda disposición doméstica sin sentido, impide a los dueños dormir con sus perros en esta casa. Cuando comprendió que hoy no entraría conmigo de contrabando, salió al patio y se perdió en las sombras, en una actitud que antes jamás vi.

La llamo, no aparece. Escucho su cascabelito que suena cerca pero no la veo. Aparece finalmente y se acuesta bajo la sombra de unos pinos, lejos de mi. Esto es demasiado extraño. Voy hacia ella y me siento a su lado. La punta de su colita se dispara a mil.

Está pasando por un conflicto, pero no quiere molestar. ¿Que pasa? le pregunto, estoy escuchando. De pronto, sumando todos los hilos, lo vi muy claro. Ella no quiere dormir adentro en esas condiciones, no le gusta estar sola.

– Desde ahora, dormirás conmigo o dormirás afuera con las pastoras. No dormirás sola.

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Puso sus dos manitos sobre mi zapato, estirándose completa de manos y pies y tumbándose a lo largo de mi pierna llena de alivio feliz. Le hice un masaje completo para cargarla de cariño y después de un rato, regocijada y dichosa, decidió partir. Se despidió con un languetazo rico y se metió en una de las casitas de perro, mirando hacia afuera con sus orejas atentas, siempre vigilante a las novedades de la noche.

– Cada uno tiene su propia mejor opción –