La idea de libertad

Para la Foxy soy una idea que viene a rescatarla de su encierro, la prisión de sus deberes y responsabilidades que le exige su rol en la sociedad, por lo que mi llegada a la casa implica liberación y fiesta.  

El primer paso es abrir el primer portón, para que ella pase desesperada atropellando su escape entremedio de mis piernas, dejando un derrumbe de colas detrás. Mientras ella se revuelca de dichosa libertad con el espacio adicional recientemente concedido, yo me entretengo derritiéndome con sus cachorros, que son siempre un carnaval.

Para ellos todo es juego y alegría.

El siguiente paso es variable. En un tiempo que no tiene duración fija, la Foxy vuelve a la cordura y viene a saludar. Es cuando el universo se convierte en una lengua. Ella pronto recupera el desasosiego de sus cabales y vuelve a la exploración.

Hoy comienza el otoño.

Hoy es una noche de lujo. Mientras la Foxy se revuelca en las siluetas proyectadas entre los árboles, las nubes de gran altura, rodean juguetonas a la luna llena dibujando archipiélagos de contrastes recortados con estrellas, mientras el viento desordena todas las formas para hacernos recordar que no existe más que un momento.

Y es un buen momento para explorar.

Abro el segundo portón.

La Foxy se desboca por el terreno siguiendo los aromas de los invisibles caminos trazados por los ratones, por los gatos que los persiguen y por los conejos que roen el mundo cuando el mundo está libre de la Foxy.

La noche está clara, y la luna despierta las acciones al revelar los misterios que ocultan las sombras. Hay actividad en los campos. Los perros ladran el cielo con motivos propios que no están al servicio del hombre.

La Foxy se acerca a la reja olfateando el aire.

(Lo propio nunca es suficiente)

Está claro que en cualquier momento esa frontera también terminará por abrirse. Sus orejas triangulares apuntan las estrellas y bajo la oscuridad que protegen, se encierra la posibilidad de las más salvajes experiencias. Su equivalencia metafórica podemos encontrarla en el disparo olímpico, y su consecuencia paralela, en el disparo de ejecución, porque en su ensimismamiento por la libertad que la descontrola, se delata el olvido que bajo las mismas circunstancias la llevó a ser golpeada por un auto que la dejó coja dos días.

Era necesaria una pausa
para tomar las cosas con calma.

No siempre contamos con la sabiduría necesaria para comprender los riesgos de un ambiente caótico, poco predecible y del que muchas veces no sabemos nada.

Cuando estuvo acostada y bajo la tensión de la aparente calma, abrí la reja.  Cada nivel de expansión más amplio que el anterior, y cada uno de ellos con posibilidades infinitas por presentarse.

Un portón, otro, la calle, una nueva casa, una nueva ciudad, un campo más grande, una montaña más alta… no importa. De un círculo (o un cubo) al siguiente, más experiencia, más aventura, más conocimiento, más por explorar. Cada vez más espacio, menos encierro, más libertad. Cada límite por descubrir, mas posibilidades por conocer. De lo mas pequeño, siempre a lo mas grande, de lo limitado a lo eterno, de lo concreto a lo abstracto, de lo conocido a lo incierto.

Ese fue el espíritu que nos sacó del mar,
nos subió a los árboles
y luego nos puso en la luna.


Cuando la Foxy absorbió la fuente de cada cautivante aroma que percibió mientras se filtraba seductor durante su encierro, dio por terminada su misión y satisfecha, regresó sobre sus pasos hacia el interior, mientras yo la seguía en su regreso cerrando una a una las puertas que nos encerraban a los dos.

Mientras la luna jugaba a dibujar sombras sobre la circunferencia de nuestro planeta con el telón de nubes que la ponía en escena, cada uno volvió a ocupar su rol en esta sociedad. Para la Foxy soy una idea que viene a rescatarla de su encierro, y lo intercambia por una buena dosis de libertad.

Para mí mismo soy una idea que viene a rescatarme de mi propio encierro, para intercambiarlo por una buena dosis de libertad.

Pero los dos regresamos a la prisión que nos construimos para nosotros mismos, porque de otra manera, ni siquiera tendría sentido el concepto de la libertad con la que soñamos cuando sentimos que no la tenemos.

Somos una idea de libertad.

Laguna Madre e Hija, El Chaltén.
– Patagonia Argentina –
Feliz otoño

– Como es adentro es afuera –

Anuncios