La Ruta de la Luna Llena

Volvía de una secuencia muy asombrosa de conexiones hermosas, con la delicada intranquilidad que te da pedalear con el asiento quebrado, sintiendo que baila debajo de tu ano y que en cualquier momento se puede terminar de caer… Eso si en el caso de que por accidente se haya descuidado el balance perfecto en el único punto que le permite una curiosa pero extremadamente frágil estabilidad. Estabilidad que pende de un hilo. Es importante sentarse con comodidad, a menos que estés dispuesto a pedalear 14 kilómetros balanceando el culo en un asiento a punto de caerse. Yo elijo la comodidad. Y en esa comodidad que no te permite andar sin manos, de verdad se puede encontrar una simpática diversión. Como toda la atención va puesta en la base del eje central, el chakra rojo agarra un poco mas de vuelo y uno termina incluso poniéndose medio caliente, obvio. La reproducción es la base del eje central de la vida. Según todos los estándares evolutivos de las especies que han sobrevivido, es en ese lugar donde se ubican los cocos y las vaginitas. A mi me parece de lo más lógico. ¿Calentarse mientras uno va pedaleando la vida balanceando el culo en un asiento quebrado? Obvio. En esta ocasión particular, mientras la dulzura permitía el fluido avance en el silencio de la ciclovía, uno dilataba su vida en muchas reflexiones lleno de profundo contenido trascendental como estas. Pero se acabó pronto porque tuve que pasarme al carril de la adrenalina dado que ningún sueño es eterno y ahora tocaba arriesgar la vida. No es que no me guste la carretera, pero tampoco me disgusta, porque aunque es un caos de riesgo constante en cada paso, es como una montaña rusa donde sabes que aunque te apretaste bien el cinturón de seguridad, no hay ninguna certeza de que el carrito aguante en el riel hasta el final de la vuelta. O como la ruleta rusa, donde sabes que eres un pelotudo por haberte sentado a jugar con pistolas y ahora sabes que hagas lo que hagas, no hay ninguna certeza de que tu cabeza aguante hasta el final de la noche. Entonces así uno puede ir mas tranquilo o en modo carrera dependiendo de las ganas, porque básicamente uno está entregado a lo que es o pueda ser. Mas que buscarle el lado a la muerte, siento que es crearle risa a la vida disfrutando lo que hay cuando hay, porque si llegara a ocurrir lo peor, si no hay nada que hacer, lo realmente feo de todo no duraría mas que un ratito chico y si dura mucho es porque todavía hay cosas por hacer. Y mientras haya algo por hacer, la vida puede seguir completa en todas sus maneras sin importar cuales son las limitaciones o condiciones que cada uno pueda experimentar por separado, porque cuando he visto a mi hermano cuántico, lo vi en con mucha claridad y completo dominio de mi mismo en cualquiera de las muchas situaciones que podrían presentarse eventualmente. La calle es azarosa, sus situaciones pueden ser inevitables y si se puede disfrutar el viaje, que se disfrute el viaje. No le veo el riesgo en pasarme las luces rojas cuando no viene ningún auto por las esquinas a una hora en la que hay personas a las que ya no les importa la puta luz, entre las que me incluyo. Aunque las consecuencias de mi rebeldía no le afectan a nadie mas que a mi, y en el peor de los casos 1 o 2 años como máximo para dejar de faltarle a la persona que más me necesitó y convertirme en un recuerdo bonito. No es que yo anduviera en una camioneta militar con orugas subiéndome sobre los autos y persiguiendo embarazadas. “Un flaco chascón en bicicleta que se sacó la chucha y se rajó el pantalón por aweonao”. Es todo por lo que se me podría acusar. Entonces… agarré buena velocidad, lo que es un plus con el viento sur porque no tiene uno que andar peleando con el viento, sino que cuando más te empuja, más difícil es ganarle pero pedaleas a todo cachete y sin esfuerzo. Y a buena velocidad todo funciona de una manera diferente, el telón proyecta imágenes de toda naturaleza donde se crean conexiones con infinitos tipos de personas que comparten el caos aleatorio de una ciudad del sur. Todo se proyecta hacia uno, en un equilibrio perfecto sobre mi asiento y mas encima todo caliente. Van pasando las historias y en la seguridad que entrega la observación completa de cada una de ellas, el ministro a cargo de la conducción de la bicicleta está en su 100% porque está incluido en el plan, por lo que se avanza sobre las imágenes que avanzan sobre uno sin perder en ningún momento una atención perfecta acerca de lo que se hace. No es que yo vaya babeando con los ojos blancos mientras avanzo en zigzag en una carretera donde pasan camiones con madera como si fueran de papel. – Lo de las babas puede ser -. Entonces venía avanzando por la carretera cuando en la mira apareció un cabro joven en una silla de ruedas tratando de cruzar en un muy mal lugar. Le busqué la mirada para mandarle amor pero no quizo mirarme y se escondió. Quizá que sentirá ese ser que recibió un golpe tan fuerte que también le rompió el corazón. Un bus de dos pisos de esos grandes tuvo la paciente amabilidad de esperarme un rato mayor de lo normal, pero cuando pasé por adelante el conductor abrió la ventana y me gritó “tienes que ponerte luces, tonto weón!”. Y me gritó bien fuerte porque yo igual lo escuché teniendo puestos mis audífonos a todo chancho. Le doy crédito porque pasé cerca de su ventana. De todas maneras se esforzó en chuchetearme. Le puso ganas. Yo le agradecí de corazón, porque la vida tiene muchas maneras para cuidarte, incluyendo algunas que no son tan educadas. Me enseñó que aunque yo piense que tengo un gran ojo para los ambientes nocturnos, no quiere decir que todos vean como yo. Peor si el que no me ve es el conductor de un bus gigante que me podría comer con los zapatos puestos. Me pareció una buena idea seguir el consejo. Un poco mas adelante hay una esquina entretenida donde pasan muchas cosas porque se juntan 3 calles choras y se apretan muchos autos así que pusieron un semáforo de tres tiempos. Por lo general a uno lo pilla la luz, pero el paso de los años me enseñó una movida que puedo hacer para cambiarme al frente, a una calle rica y sin detenerme en alguna de las tres luces… Hay un momento justo en el que el flujo de tres lados permiten un espacio perfecto para que pase una bicicleta toda inocente con un loco chascón que no quiere rajarse los pantalones. Pero igual requiere pasar con una roja y meterse en contra del tránsito. Eso o salirse a la vereda, bajar una pata y esperar esa luz verde donde aparece una persona que camina. Demasiado aburrido. Se que es posible terminar hecho torta, una torta flaca. Flaca y chascona. Pero no lo haría si no supiera que si pierdo la vida o me rajo el pantalón, tengo mas vidas y otros pantalones. No me asustó plantear mi rechazo a detenerme como una obsesión de la que soy adicto y ya no tengo control, porque más adelante no tuve ningún problema en detenerme en un lugar donde las probabilidades de que todo saliera mal eran para considerarlas, porque en ese momento de cruzar no existía realmente la certeza de que no terminaría debajo de dos buses. Puedo dominarme, aún me queda algo de control. Luego salía de la ciudad y sus luces urbanas empiezan a alejarse. Cuando todo se convertía en campo y la luna todavía llena completaba el cielo entre su altar de nubes, pensé en el momento perfecto, en la suavidad de todo, en lo perfecto del día. Me acordé que me regalaron una galleta y cuando la buscaba en mi mochila, dejé a un lado mi tambor y saqué estas fotos para contar la historia.

– Aguantó el carrito –
y la cabeza
y el pantalón
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