Didymo: El alga de la discordia.

Por supuesto que la República Argentina se desquitó por los 200 años de molestias, incomodidades, abusos y malos entendidos que generan dos vecinos cuando se olvidan del juego. Y claro porque cuando llegamos a la aduana del otro lado, no nos dejaron entrar alegando que nos faltaba…

“El papel del Kayak”.

– ¿El papel del kayak?
– El papel del kayak che!

De nada valió ninguna de todas las putas habilidades diplomáticas desarrolladas en toda una vida de desarrollo de habilidades diplomáticas, porque ya no estábamos en nuestro país, sino en el de ellos.

Y en el de ellos te jodes.

El embajador no pudo presentarse porque estaba lidiando con no se qué movimiento de linea fronteriza, así que no nos quedó mas remedio que jodernos y devolvernos los 60 kilómetros de Tierra de Nadie hacia Chile a buscar el puto papel de mierda.

– Ciento veinte kilómetros de amor –
Conmemoración y Homenaje
al maravilloso sistema burocrático argentino.


Siendo objetivos, ellos alegaban que nuestro Kayak no tenía la certificación oficial que da testimonio de la minuciosa desinfección de la embarcación para eliminar todo rastro biológico del nefasto Didymo, lo que constituye una infranqueable exigencia de la República para mantener Argentina libre del alga.

Mentira, ellos también la sufren.

Lo verdaderamente molesto del asunto fue que luego de saludar nuevamente a los amigos de la aduana chilena, nos enteramos que el “altamente complejo y avansadísimo sistema de desinfección contra toda la “maldad del dídymo” consiste en agüita con jabón.

Agüita con jabón.

Y eso avalado nada más que por la buena voluntad y la fraternidad entre los dos pueblos, puesto que el Altamente Digno Certificado Oficial de Desinfección que emite Chile se lo dan a cualquiera haya o no haya hecho la desinfección, porque según el lado chileno, es una exigencia impuesta por Argentina y si quieren de veras protegerse de las maquiavélicas malandradas del alga, ellos deberían supervisar la desinfección en vez de confiar en “la buena fe” de nuestro compromiso con la protección de la biodiversidad argentina. Como sea, la imposibilidad de realizar la Extremadamente Compleja Desinfección Contra el Didymo en el lado Argentino, nos plantea dos alternativas:

¿Están ellos realmente obrando de buena fe?
o tienen serios problemas en el suministro de jabón.

Ninguna de las dos deja muy bien parada a la “República” y no beneficia en ningún modo las relaciones entre los dos países. Claro que luego de conducir de vuelta (algo encabronados) los 120 kilómetros que nos regaló la infinita capacidad de amar del gendarme argentino, todo se convirtió en besos y abrazos con los vecinos.


… muy rápido se nos pasó el enojo…
Cada persona tiene el potencial de convertirse en un ser maléfico.
Solo tuvimos la mala suerte de toparnos con lo absurdo del sistema legal.

Timbrados los papeles, seguimos hacia el sur.

Bariloche nos espera.
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