Cerro Torre

Como nos habíamos inventado una noche a mitad de camino, había que ser responsables con uno mismo completar la otra mitad. No íbamos a quedarnos a vivir en la península por toda la eternidad, porque por tentador que fuese, se nos terminaba la comida y el canibalismo aún no era una opción.

Tarde o temprano alguien descubriría
que están desapareciendo los montañistas.

Levantamos el campamento y por primera vez, nos dimos cuenta el lugar donde habíamos pasado la noche.

La luz tiene esa curiosidad que permite ver.


Lo único que quedó en el lugar fueron nuestras huellas en la arena y la energía que aportamos al espíritu del lugar. Agradecimos al bosque por su refugio, nos despedimos de las lagunas, las mochilas a la espalda y de vuelta al sendero que nos llevaba de regreso hacia el sur.

El viento se encargaría de nuestras huellas,
El Guardián, de todo lo demás…

Caminamos dentro y fuera de los bosques, dentro y fuera de las estepas, bajo un día gris que desde las alturas nos amenazaba con potentes goterones de tormenta, que cada cierto tiempo aparecían machacando la tierra dura acostumbrada a la violencia de la naturaleza indomable. Bajamos del valle hacia la cuenca del Río Fitz Roy que nace en el glaciar del Cerro Torre. Lo seguimos hacia el oeste, bordeando el camino que sigue su forma adentrándose en las montañas y sus bosques, cada vez mas extensos, místicos y multicolores, que se acaban de pronto para dar lugar a un gigantesco lago formado por el avance en cámara lenta de un río congelado de millones de años en el tiempo. 

Nos quitamos las mochilas para correr como niños mientras muertos de la risa tomábamos agua del hielo milenario que derretía en nuestras manos. Respirábamos contentos la gelidez del oxígeno puro que en avalancha bajaba desde los cerros más altos de la cordillera, invitándonos a bajar con el por la amenaza que traía de tormentas. 

Bajamos así, bordeando el Fitz Roy por todo el camino, aún levitando el esfuerzo bien correspondido de aprender de la montaña, sus bosques, sus vientos, sus animales, sus glaciares y todos sus ríos.

Habíamos regresado al Chaltén.

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