Tierra que nace

La Tierra no solamente está viva, sino que se mueve completa. Todo dentro (y fuera) de ella se acomoda sin detenerse. Claro que podemos decir que el movimiento depende de la posición y perspectiva del observador, pero en este caso hablaríamos de percepción, y esta capacidad depende de nuestra propia escala de medición, en términos de tamaño o tiempo.

“Para las estrellas, los fugaces somos nosotros” dijo alguien por ahí. La totalidad de nuestra civilización, nuestra completa evolución, desarrollo tecnológico, toda nuestra historia como especie no es más que una chispa disparada desde un fuego.

A escalas geológicas, la tierra respira. Aunque no podemos hablar de rápido o lento sin comparar nuestra escala, imagina acelerar el tiempo a 1 año por segundo:

1, 2, 3, 4…

Mientras cuentas, ocurre un invierno, un verano, un invierno, un verano, invierno verano y así…

Dicho de otra manera, se congela el norte, se congela el sur, se congela el norte, se congela el sur.

5, 6, 7, 8…

Se enverdece el norte mientras se congela el sur, se congela el norte mientras se enverdece el sur.

9, 10, 11, 12…

No hay tiempo para otoños ni primaveras, son solo transición.

El agua se derrite entre las rocas, el agua se congela entre las rocas y se expanden todos los espacios. Así las montañas se fracturan, las rocas que se desprenden, se agrietan y suavizan también. No hay pausa ni descanso, todo es cambio.

13, 14, 15, 16…

Invierno, verano, invierno, verano. Es como la respiración. Verde y seco, vida y muerte. Constante cambio.

En la batalla del agua y la roca, siempre gana el agua, porque se renueva en cada deshielo, mientras que la roca está condenada a disolverse en arena, como la forma más fina del mineral. Así, sin detenerse se acumula en el fondo del mar, en capas cada vez mas densas.

17, 18, 19, 20…

Una hoja de papel se la lleva el viento. Pero cuando pones una sobre otra, gramo sobre gramo, formas toneladas.

El arena bajo el mar y su propio peso descomunal, alcanza presiones a niveles tan inmensamente altos, que termina por fundirse bajo la tierra y como sustancia, se ve obligada a desplazarse para acomodarse mientras es continuamente empujada.

21, 22, 23, 24…

Mientras la tierra inhala, surgen nuevas montañas. Exhala, se erosionan y degradan. Inhala, exhala.

Es un ciclo que no se detiene.

Activa volcanes, terremotos, islas que nacen, islas que desaparecen, tierra que es, tierra que era.

25, 26, 27, 28…

Somos un parpadeo imperceptible, una efímera bacteria en la piel de un Ser que nos da la vida y del que formamos parte, pero no imaginamos aún poder ver ni entender, como tampoco entiende ni ve la efímera bacteria que vive en nuestra piel, al Ser que le da la vida y del que forma parte.

Somos víctimas de nuestras percepciones.

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