La Vida de la Foto

Acabábamos de volver de una expedición por las quebradas del monte hacia el bosque alto donde el resto de la familia preparaba un lugar para la comida. Sentados a un lado del fuego y sacándonos las ramas, el barro y el resto de hojas que aún traíamos en el pelo, picoteábamos una simpática y deliciosa combinación de sabores que iban apareciendo de todos lados, mientras el humo de la fogata nos aromatizaba con el poder del bosque y disfrutábamos la inagotable energía de los niños. Muy pronto el líder de exploración propuso una nueva aventura, y cuando nos invitaba a conocer la cima del bosque donde existía un mirador hacia los volcanes, una de las chicas más jóvenes murmuró algo que sonaba como esto:

“Siento que me voy a arrepentir si no voy”

Caminamos hacia el corredor de las vertientes que nutrían el bosque y todos los ríos de la zona, avanzando a través de los bosques de la tierra, y navegando con la curiosa potencia de sus cristalinos aromas y entre el murmullo del follaje de montaña cuando se confunde con el de los ríos. Después de cruzar el estero mas grande con la ayuda de un puente humano, llegamos a La Pared de los Musguitos, donde una considerable colonia de miniplantitas peludas y esponjosas trataba de aferrarse a la pared de tierra mojada que se resistía de partir al río, afirmándose entre todas las raíces de los árboles que se jugaban la vida anclándose a las rocas, llorando la alegría de transmitir vida.

Desprendiéndose de su último brote, al abismo saltaban felices las gotas que irradiando la alegría de la vida, liberaban su potencia hacia el suelo, fluyendo abajo hacia toda superficie, construyendo ríos, nutriendo todo a su paso.

En eso pensaba.

Luego vi su geometría sagrada.


En un rectángulo vegetal, el cáliz de la feminidad daba su vida al mundo, transmitiendo en cada gota, la energía que le dio la vida, sobre un fondo negro prácticamente libre de ramas.

Ya no había caso en resistirse y desenfundé.

Nota educativa.

“Cambie el enfoque a manual. Debido a la densidad de un bosque con un fondo negro durante el atardecer, era una zona oscura. Si no es un lente muy pro, está difícil para la cámara poder enfocar. Estaba bien el ISO a 800 porque como no andaba con trípode y tenía que hacer una foto con poca luz en el menor tiempo posible para poder congelar la gota, todo bien. Me permitió obtener una velocidad de 1/125 de segundo, solo gracias a que el 50 mm que usé podía regalarme la muy genial apertura de 1.8, lo que desenfocaría muchas de las ramitas del muzgo, pero me dejaría el fondo completamente negro, separando a la gota del intrincado manto de raíces que estaban en el fondo. “

La gota era la vida de la foto
…todo lo demás era una consecuencia de ella.

Formación de musgo colgando que libera gotas de agua pura en un bosque de montaña de la región de araucanía en el sur de Chile.

Capturé esa luz.

Desperté, puse atención al mundo… Ya se escuchaba el río de alegría que producían los niños cuando salían del bosque corriendo como El Loco hacia la luz del sol.

Siempre queda camino hacia la cumbre.

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