Del compost y otras orgías

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Me tiré un piquero algo osado en el mundo del compostaje. De alguna manera algo resonó en mi, abriéndome alguna de aquellas puertas del Todo o Nada que definen algunas ideas o personas excepcionales. Pero nada sabía del compostaje ¿como podría convertirlo en un todo? Decidí por lo más lógico y me zampé tres libros, por lo que ahora incluso algo entiendo de como compostaban los templarios según algunos raros manuscritos del siglo XII encontrados en ciertas capillas de la época y escritos por los meticulosos monjes de la Orden. No, no viajé al corazón de Europa a arrastrarme dentro de las chimeneas de alguna oscura fortaleza medieval, pero el encontrar los testimonios de las personas que si lo hicieron, me dio una idea muchísimo más clara de lo que significa el Todo o Nada para algunas personas apasionadas (o con algún tipo de desequilibrio mental). En definitiva, el proceso de compostaje es tan amplio y variado como permita la minuciosidad del amigo compostador, porque funciona ya sea tirando las hojas de la lechuga por la ventana de la cocina, como también funciona incorporando cultivos bacteriológicos desarrollados a gravedad cero en el laboratorio de la estación espacial. O sea, hay para todos los gustos. Cada cual puede optar por el que más le acomode, según el nivel de esfuerzo, sacrificio, complejidad y resultados que espere. Por mi parte puedo decir que me enamoró bastante el compostaje como para dedicarle minuciosidad y estudio a ello. Por un lado me recuerda mucho a cuando era un niño que admiraba a los bichitos y ahora que los crío es bastante fascinante. Además, cuando los veo moverse tan espectacularmente bien en esa Fiesta de la Abundancia, no puedo más que contemplar la muerte en una forma tan sencilla y natural, que su extraña consecuencia, la descomposición, incluso ha adoptado su propia belleza. Permite comprender que según el avance del ciclo, todo lo que fue, de a poco y gradualmente vuelve a ser. La esencia se mantiene siempre viva. Jamás existe un apagón total. Todo lo que vive no hace más que transmitir su luz a los demás, y cuando finalmente parte, deja todo lo restante a disposición para todos los que quedan. Es una constante transferencia de energía que comienza con tu madre desde tu nacimiento, luego de tu muerte continúas como larvas de moscas, y luego como las aves que se las coman. Eso siempre y cuando no te metan en un cajón, porque hasta ahí llegaste: Por vanidoso quedaste atrapado y fiambre como los gusanos del Flaco Calambre, que junto a sus huesos descansan también, sus cadáveres que se murieron de hambre. Por lo menos al morir al aire libre uno podría garantizarse algo de continuidad como mosca, lo que no parece ser la forma más elegante de seguir viviendo (me refiero a comer caca), por lo que el funeral tibetano debiera ser el protocolo oficial, porque así por lo menos estaría garantizado que cualquier compatriota tenga la posibilidad de transferirse por lo menos en algún jote de mala muerte, y comer animales putrefactos en lugar de caca, me parece un buen negocio por donde se le mire. Ahora con las verduritas pasa algo parecido, ellas siguen viviendo dentro de nosotros. Por eso el proceso de compostaje es un mecanismo biológico de trascendencia sin igual para el planeta. Al menos según Darwin, como lo expone en su libro más vendido (antes de que muriera), que las lombrices son esenciales para la vida en la Tierra. Se pasó 44 años estudiándolas de las formas más fenomenales. Así de enamorado estaba de ellas que se las pasaba por el cuerpo durante sus baños de tina, y aunque no existe ninguna evidencia de lo que digo es real porque lo acabo de inventar, es al menos lo que yo haría si estuviera tan enamorado de las lombrices como lo estaba Darwin (mientras más lo pienso, más me tinca la idea). Concluimos que las lombrices son super geniales y tremendas, porque como siempre se mueven voraces bajo la tierra zampándose cosas muertas, van abriendo cientos de túneles y galerías por todas partes, por donde luego pasará el agua que regará todas las raíces que siguen vivas. Y no contentas con ello, al mismo tiempo van rellenando todos sus túneles con abonos orgánicos esenciales (o sea su caca). Respect bitch. Así que por estas razones y de una manera algo rebuscada, siento que les hago un homenaje cada vez que abro la tapa y les lanzo baldes de verduras podridas. Podemos decir que es en realidad la Ceremonia de la Abundancia para ellas. Imagina su paraíso: Aún no terminan de comerse la pestilencia previa cuando viene cayendo del cielo otra gigantesca carga de mierda (es decir, deliciosos manjares y exquisitas finezas para ellas). Es tanta la abundancia para las lombrices, que con la vida resuelta, se lanzan despreocupadas a los brazos del amor, y aprovechándose de su hermafroditismo, terminan retorciéndose en una orgía interminable donde padres, hijos, abuelos y hermanos están mezclados apareándose en escandaloso y completo descontrol. Todo el compost se convirtierte en un barrio latino. Ya nadie sabe de quien son los niños, y a nadie le importa porque a nadie tampoco le falta nada y cada uno a lo suyo. Porque cuando “lo suyo” es comer y follar, la vida puede simplificarse bastante como para ahorrarse algunas normas, partiendo por las de la decencia. El compost es una fiesta que no termina jamás. Si no estás comiendo estás follando, o follando mientras comes, o durmiendo mientras te follan. Todas las combinaciones. Se simplifica bastante la vida de una especie como las lombrices cada vez que les llueven verduras podridas gracias a “ESO” que aparece allá arriba cada vez que se abre el cielo. Mis lombrices deben pensar que soy una Divinidad importante. Probablemente tenga nombre y todo, algo así como el Proveedor Supremo y Creador del Cosmos, lo que me hace sentir muy bien. Un dios respetable debe contar con una buena dosis de ego. Algunos mencionarán al Buda, pero alguien dirá que Buda no es un Dios. Otro puede preguntar “¿Entonces que es Dios?”, quizá alguien responda algo como “Buda fue el primero en responder esa pregunta”, y según Buda, tengo derecho a ser el Dios de mis lombrices. Y aunque el sistema que he creado para ellas se parece más a una dictadura comunista que al valhalla vikingo, creo que el desenfreno sexual bien vale la construcción de algunos templos y sacrificios en mi nombre. Pero pensándolo bien, quizá yo no le daría tanta vuelta a la existencia de Dios si estuviese las 24 horas del día teniendo sexo con la boca llena. Imagino que por eso los sacerdotes son castos y austeros, porque si se la pasaran en orgías y comilonas, no habría tiempo para dios… por lo tanto orgías y comilonas quedaron relegadas exclusivamente a obispos y cardenales. Ahora creo que mis lombrices no tienen tanto tiempo para idolatrarme. Además, si de la noche a la mañana dejara de alimentarlas, es posible que alguna que otra se encabrone un poco, pero la verdad sea dicha: aburridas y desilusionadas se arrastrarían lentamente bajo la tierra a mascar insípidas raíces muertas. Lo acepto, ninguna moriría por mi. No es como con la Iglesia Católica que lleva dos mil años aburriendo y desilusionando a la gente sin resultados tan preocupantes. De todas maneras, siendo su Diós o no, intento ser lo más respetuoso posible con ellas, y aunque los manuales más extremos hablan de utilizar palas de madera para no dañarlas, llegué a aceptar que una u otra pueda ser partida en dos cuando justo en medio de un orgasmo, repentinamente se le cruce una pala, porque las lombrices tienen montones de corazones y se pueden regenerar. Entonces, si alguna que otra fue cercenada en dos en el momento de gloria, lo encuentro genial… ¿Quien más tiene la posibilidad de tener sexo con uno mismo?

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Ya lo dije, Darwin era todo un personaje.

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