Pase usted, Su Majestad.

La primera vez que las vi fue al principio de Diciembre. Estaban colgando de un palo amontonadas igual como los panales de abeja que aparecen dibujados en los monitos. En ese momento sabía tan poco acerca de aquella fantástica monarquía, que no tenía idea que no era un panal si no un enjambre buscando un lugar donde instalarse, y no alcancé a celebrar la visita cuando ya había partido en vuelo abandonándome con todos mis sueños. Pero luego de una cadena de sucesos bastante milagrosos y algo paranormales, terminé astronauticamente equipado con cajón y traje, listo para ofrecerle casa a la siguiente reina que aterrizara buscando un momento de descanso para continuar la frenética búsqueda de hogar para su familia antes de que se les termine la ración de comida para su viaje. La oportunidad se presentó a mediados de Diciembre cuando apareció un gigantesco enjambre colgando sobre una extenuada rama de Maqui que algo encabronado soportaba apenas tolerante todo el peso de la Reina, su corte, doncellas, plebeyas, uno que otro zángano y por supuesto, su bufón. Una reina necesita divertirse… Saturado de dicha dentro de mi traje espacial, raudo y presuroso coloqué debajo de ellas el cajón de madera que les ofrecía como casa, pero cuando me disponía a invitar a su Majestad, un huracán de proporciones cataclísmicas comenzó a rugir delante de mi, y en un parpadeo fugaz, me encontré sin palabras atrapado dentro del ensordecedor ciclón de abejas que levantaba vuelo, dejándome estupefacto, boquiabierto y con cara de idiota, contemplando la inutilidad de mi cajón vacío. El único feliz fue el Maqui que recuperó su rama. Estoico y decidido, a duras penas resistí la tentación de tomar el cajón, lanzarlo por los aires y despedazarlo en forma violenta antes de rociarle bencina, luego prenderle fuego y finalmente apagarlo con pis. Conservando la perplejidad y mi cara de idiota, resignado e indiferente abandoné a su suerte al rechazado cajón, y emprendí rumbo para embriagarme como único medio sensato y seguro de manejar todo tipo de frustraciones. Como podrás comprender después de tantas desilusiones, decidí dejar que el agua corra, para no llenarme de angustiosos dramas y ansiedades enfermizas. El asunto es que muchos días después y ya cerca del atardecer mientras trabajaba en el espacio que se convertiría en mi huerta, una extraña sensación de inquietud se apoderó del instante. Sin perder segundo alguno, entre mis cosas busqué la cara de idiota que por ahí tenía guardada, y completamente estupefacto presintiendo la naturaleza del terror vi, sentí y oí como la ensordecedora nube de un nuevo enjambre comenzó a formarse alrededor mío. Cuando llegaba a su punto más alto y me disponía a lanzarme al suelo, presa del pánico y la desesperación de imaginar la condena de los mil aguijones, el esbozo de un brazo asomó alargándose entre aquella tormenta de furia y fuego, y comenzó a abrazar el cajón que tenía abandonado a su suerte. Primero de a 3 o 4 y luego de 500 o 1000, la nube negra comenzó a transferirse dentro de ese trozo de madera que poco a poco, se convertía en panal. Cuando volvió la calma, cambié la cara de aterrado por la de la prudencia, y me acerqué a la entrada, donde las recién nombradas guardianas hacían el primer turno de vigilancia en la vida del panal. Tomé asiento frente a ellas y regulando el inquietante ritmo de mi respiración, fui ecualizando mi paz para presentarme. Desde la pequeña calma de mi alma bendecida, me presenté en el lenguaje del amor y mientras les daba la bienvenida, me comprometía al respeto, la protección y el cuidado. Fue tan profundo el primer encuentro, que se creó un lazo de confianza instantáneo y que terminó por decantar en una irresponsabilidad, porque al día siguiente una vez salido el sol, fui a visitarlas. No tenía traje ni nada que me protegiera de cualquier malentendido, así que sentado frente a ellas ecualicé nuevamente mi armonía y mi paz y abrí la tapa. Es de veras muy sorprendente verlas trabajar en un ajetreo tan complejamente organizado y de tanta actividad. Uno a uno fui levantando los pesados marcos que estallaban en vida, y maravillado por aquel organismo colectivo que respondía instantáneamente a todo factor interno o externo, me hizo pensar en que siempre está la posibilidad de cagarla, y que los que la cagaron no sobrevivieron para contar la advertencia. Así que comencé a considerar que toda mi inexperiencia y la fragilidad de nuestra relación, en cualquier momento podría quebrarse por el menor malentendido. Me empezaron a transpirar las manos. Estamos claros que todo miedo es inventado porque todo miedo es mental, pero si estás sin protección manipulando el marco de un panal de 30 mil abejas, y se te cae por tarado y por tus manos mojadas, el miedo deja de ser tan mental. La curiosidad no solo mató al gato, sino que también al apicultor osado. Invocando entonces a ganesha, krishna, maoma, jesus, alá, elvis o maradona, fui llamando la paz que me permitiera poner la casa en orden sin dejar la cagá. Desde ese momento he sido mucho más responsable, aunque debo reconocer que en cada una de las visitas, he adquirido buena destreza y nunca he tenido problemas con ellas.

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Hoy tuve la oportunidad de presenciar un nacimiento. Estupefacto también, me pude hacer una buena idea de lo que consiste ser una abeja: En aquella interminable estructura de su propia matrix, sobre una de sus muchísimas celdas tapadas, de pronto se asoma un ojo por una rendija recién creada. Es una abeja que ya no cabe en su cuna y se las tiene que arreglar para salir. Muy atrás quedaban los agradables tiempos en los que como una infíma gusana blanca, muy alegre se retorcía gusanísticamente en el fondo de su cubículo amarillo sin preocuparse de nada, mientras le dan de comer en la boca sus hermanas. Pero demasiado pronto la Familia decide que se acabó el relajo y no hay más comida para ella. Entonces le vomitan encima una tapa. La verdad es que la familia a veces puede ser muy mierda. Como nuestra amiga ya no cabe dentro, no le queda más remedio que salir del confinamiento de su cárcel comiéndose el vómito de sus hermanas. Manerita de empezar la vida. Mientras come, va apareciendo una antena o el otro ojo y luego toda la cabeza pero no hay caso, tiene que seguir comiendo esa mierda, porque no importa lo mucho que lo intente, no puede salir hasta que termina por comerse la tapa. Es evidente que comer cera no está dentro de sus preferencias gastronómicas, pero entendámosla ¿Con cuantas ganas te comerías una vela? Piénsalo bien, porque es más o menos lo mismo. Cuando termina de comerse toda la tapa, y quizá ya pensando en que no le resulta tan desagradable la situación, de pronto se ve libre para explorar los confines del universo pero es una trampa, porque con la lerditud de los pasos que nunca antes había dado, porque es la primera vez que usa sus patas, esforzadamente termina por salir de su cuna, intentando comprender el complejo mecanismo de una tracción 6×6 recién estrenada y su primera ruta es rumbo a marcar tarjeta para presentarse en la fábrica. Vaya olvidándose rápidamente de los sueños que tenía de volar libremente por los cielos azules buscando el amor eterno, y comience a aprender rápidamente su función porque toca ir a buscar miel para alimentar a sus hermanas antes de aprender a usar sus alas, para fabricar más miel con el néctar que encuentre en todas las flores posibles que encuentre. No solo eso, atenta a ir volando a toda velocidad y con mucho cuidado, porque las horas del día no alcanzan para alimentar a tanta gente y siempre está el riesgo de encontrarse con un ave que aún no ha desayunado. Básicamente esa es la rutina de su corta y extenuante vida, porque no solamente trabajan sin parar, sino que tampoco jubilan.

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Algo así como el sistema neoliberal.

P.d. No he podido fotografiar aún el proceso de nacimiento porque me falta una tercera mano para agarrar la cámara y una cuarta para enfocar, porque la primera y la segunda están agarrando el marco donde ocurre el tormentoso suceso. Ya tendré imágenes para mostrar.

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